editorial

Sánchez no comió, pero está bien y tranquilo: el presidente de la corrupción huye de la realidad

Sánchez descarta un adelanto electoral, alegando que su deber es evitar que una coalición de PP y Vox, que considera perjudicial para España, llegue al poder

El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro SánchezEuropa Press

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Pedro Sánchez, en un análisis que roza lo patológico, ha pasado al ataque para esquivar el escándalo que envuelve a su entorno. El caso Koldo/Ábalos/Cerdán, que él minimiza como un “supuesto” caso de corrupción limitado a dos personas de su máxima confianza en el PSOE, lo despacha con un desafiante “¿dónde están las pruebas?”. Sin embargo, no titubea al señalar como corruptos a rivales como Isabel Díaz Ayuso, Juanma Moreno o Carlos Mazón, sobre los que no pesa ninguna imputación, ni personal ni sobre sus gobiernos. Esta hipocresía revela una desconexión de la realidad que cuestiona su liderazgo.

Sánchez descarta un adelanto electoral, alegando que su deber es evitar que una coalición de PP y Vox, que considera perjudicial para España, llegue al poder. Con esto, admite implícitamente que perdería unas elecciones hoy, que su respaldo ciudadano se ha desvanecido. Es un reconocimiento de debilidad disfrazado de responsabilidad, pero los españoles no se engañan: ven un Gobierno agotado, más centrado en la confrontación que en soluciones.

El presidente habla como si el caso de corrupción hubiera concluido con el informe de la UCO, cuando la realidad es que aún se esperan más informes y nadie sabe hasta dónde llegará la mancha. El próximo lunes, Koldo García declara en el Supremo, y en el PSOE y La Moncloa tiemblan. Si García, para aliviar su previsible condena penal, decide colaborar con la justicia y desvela todo lo que sabe, entregando posibles grabaciones, Sánchez enfrentará un problema mayúsculo.