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Sánchez y Bolaños fracasan para alivio de España: no controlarán dos Salas clave del Supremo

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El último intento de Pedro Sánchez y Félix Bolaños por controlar el corazón del Poder Judicial ha naufragado estrepitosamente. El Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) ha dicho "basta" y ha nombrado a Andrés Martínez Arrieta y Pablo Lucas al frente de las Salas de lo Penal y de lo Contencioso-Administrativo del Supremo, dos plazas estratégicas que el sanchismo soñaba con dominar. Para alivio de España, la Justicia sigue siendo un dique frente a las ambiciones del PSOE.

La Sala de lo Penal, que juzga a los poderosos, y la de lo Contencioso-Administrativo, guardiana de la legalidad del Gobierno, estarán ahora en manos de magistrados independientes, sin ataduras ideológicas con Moncloa. Martínez Arrieta y Lucas, respaldados por el bloque conservador del CGPJ, han derrotado a las candidatas de Bolaños, Ana Ferrer y Pilar Teso, cuya cercanía al progresismo levantó sospechas de sumisión política. ¿Coincidencia? No: el Gobierno quería moldear el Supremo a su imagen y semejanza.

El descalabro de Bolaños, que maniobró hasta el final para imponer a sus favoritas, es un triunfo del Estado de Derecho. Las candidatas progresistas, al ver el rechazo del CGPJ, dieron un paso atrás, evitando un bloqueo que habría prolongado la interinidad. Pero no nos engañemos: esto no es un gesto de generosidad, sino una rendición ante la evidencia de que la Justicia no se doblega tan fácilmente.

Mientras casos como el "Koldo" o las sombras sobre el fiscal general Álvaro García Ortiz acechan al entorno de Sánchez, la independencia del Supremo es una noticia que reconforta. España respira: sus instituciones no son un juguete en manos de un Gobierno obsesionado con el control. Sánchez y Bolaños han topado con un muro, y ese muro se llama democracia.