EDITORIAL

Cataluña nos roba: el Gobierno aprobará la quita de la deuda en septiembre

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente de la Generalitat de Catalunya, Salvador Illa.David Oller / Europa Press

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El Gobierno de Pedro Sánchez planea aprobar a principios de septiembre una quita de la deuda del Fondo de Liquidez Autonómico (FLA) para Cataluña, pactada con ERC y extensible a otras comunidades autónomas. Esta medida, que condonará miles de millones de euros, evidencia un giro irónico: del “España nos roba” al “Cataluña nos roba”. Cataluña, con una deuda de 77.053 millones de euros con el FLA —la mayor de todas las comunidades—, ha engrosado su déficit por una gestión deficiente y el uso indebido de recursos públicos, incluyendo el desvío de fondos para financiar el ‘procés’ independentista. Ahora, Sánchez, necesitado de apoyos políticos, permite que esta deuda se mutualice, cargando su peso sobre todos los españoles porque la quita no implica ni mucho menos que la deuda desaparezca, sino que recaiga sobre el Estado y, en consecuencia, que la asumamos todos a partes iguales.

La condonación, que en el caso de Cataluña supondría unos 17.104 millones de euros, no es un acto de solidaridad, sino un trueque político. ERC, consciente de la debilidad del Gobierno, exige esta quita como moneda de cambio para garantizar su respaldo en el Congreso. Mientras, comunidades como Madrid, que no recurrió al FLA y gestionó su deuda en los mercados, o regiones con menor endeudamiento, verán cómo se premia la irresponsabilidad fiscal de Cataluña. Este agravio comparativo es un insulto a los españoles que, con sus impuestos, financiarán el alivio de una comunidad que ha dilapidado recursos en proyectos divisivos.

Sánchez, atrapado en su necesidad de “oxígeno político”, cede ante ERC a costa de la equidad. Cataluña no solo abusa de los mecanismos de financiación autonómica, sino que, con la aquiescencia del Gobierno, impone al resto de España el coste de sus excesos. Hemos pasado de un relato victimista a una realidad donde Cataluña, lejos de ser robada, se beneficia a expensas de todos. La pregunta es clara: ¿hasta cuándo permitirá Sánchez que este chantaje prospere? La respuesta, lamentablemente, parece estar en el precio que esté dispuesto a pagar por mantenerse en el poder.