editorial
TVE y los 11 millones de “idiotas” que la financian
TVE no es un feudo privado ni un altavoz del Gobierno. Es una institución pública que se sostiene con los impuestos
Javier Ruiz y Sarah Santolalla en la escuela del PSOE para formar jóvenes contra los bulos
La reciente intervención de la advenediza tertuliana de nueva cuña, Sarah Santaolalla, en Mañaneros 360, programa de TVE presentado por Javier Ruiz, ha desatado una tormenta que pone en tela de juicio la neutralidad de la televisión pública. Calificar de “idiotas” a los 11 millones de votantes del PP y Vox no es solo una falta de respeto, sino un ataque directo a la pluralidad que una cadena financiada con el dinero de todos los españoles debe garantizar. Que el presentador, lejos de reprobar el comentario, lo consintiera con un “muchas gracias” agrava aún más el escándalo.
TVE no es un feudo privado ni un altavoz del Gobierno. Es una institución pública que se sostiene con los impuestos de esos 11 millones de “idiotas” y del resto de ciudadanos. Permitir que una colaboradora, remunerada con fondos públicos, insulte a una parte significativa de la audiencia sin consecuencias es intolerable. Javier Ruiz, como conductor del programa, tenía la responsabilidad de moderar y corregir, no de avalar con su silencio una declaración que vulnera el mandato de imparcialidad de RTVE.
El presidente de la corporación, José Pablo López, no puede mirar para otro lado. Su cargo no depende de Pedro Sánchez ni de ningún partido, sino de los ciudadanos que financian TVE. Debe actuar con contundencia: exigir disculpas públicas a Ruiz, revisar la participación de Santaolalla y garantizar que estos episodios no se repitan. La televisión pública no puede convertirse en un escenario de polarización donde se desprecia a millones de españoles sin importar su ideología.
Este caso no es aislado. La percepción de sesgo en RTVE lleva tiempo alimentando el descrédito de la cadena. Si López quiere recuperar la confianza de la audiencia, debe demostrar que TVE es de todos, no de unos pocos, aunque a estas alturas eso parece imposible. Su misión parece precisamente esa, la de trabajar por y para el proyecto político de Pedro Sánchez. Los 11 millones de votantes insultados merecen respeto, no solo porque son ciudadanos, sino porque son quienes sostienen con sus impuestos una televisión pública que, hoy por hoy, parece haber olvidado su propósito.