La demolición del Estado

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En estos últimos siete años estamos presenciando cono se va demoliendo el Estado motivado por la necesidad de mantenerse en el poder de este nuevo socialismo que ha ido mutando a un simple consorcio de intereses personales de Pedro Sánchez y de su núcleo duro.

Hemos visto cómo era de estricta necesidad, para sus intereses, alcanzar el poder en 2018 y para ello Sánchez utilizó a sus camaradas más fieles como eran Cerdán para tejer alianzas y Ábalos para defender su acceso al poder en el pleno de la moción de censura. Evidentemente la utilización del argumento de la presunta corrupción del Gobierno de Rajoy como método de blanqueamiento de la corrupción propia fue todo un “artificio” que ya ponía de manifiesto los mimbres de la trama que se organizó para alcanzar el poder.

Pero esta trama de corrupción en ningún momento obtuvo, a través de las urnas, suficientes votos para poder gobernar en solitario; por eso ha tenido que ir pactando con fuerzas disgregadoras para mantenerse en el poder y lograr sus propósitos personales y políticos. Sin dudar ni un solo momento Pedro Sánchez y su núcleo duro comenzaron a ir restando fortaleza a las estructuras del Estado a sabiendas que esa debilidad podía perjudicar al conjunto de los españoles como hemos podido comprobar en las catástrofes que han asolado España en estos siete años.

Así pues tanto en el volcán de la Palma, en la epidemia de COVID, en la riada de Valencia o en los incendios de este verano, hemos podido comprobar cómo la respuesta de los mecanismos del Estado han sido lentos fruto del deterioro, e incluso los que siempre están a la altura como la UME o las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, tanto policía como Guardia Civil, desde el propio Gobierno se han utilizado como arma política, olvidando que están al servicio de los españoles y no de los intereses políticos del sanchismo.

En Valencia conocemos muy bien como Marlaska prohibió en los primeros días que la Guardia Civil y la Policía actuaran en auxilio de los ciudadanos en las zonas afectadas por la riada, y en las redes sociales leímos como muchos servidores públicos protestaban por esta prohibición. Igualmente ocurrió con la presencia del ejército cuyo despliegue inmediato fue impedido con absurdos trámites burocráticos, se tenían que rellenar formularios para el despliegue de los militares indicando el número que se necesitaba en cada momento, y esa burocracia creada por decisión gubernamental provocó que el sufrimiento de los ciudadanos se convirtiera en agonía.

El mismo método ha empleado el sanchismo en los incendios de este verano, cuando se pedía por parte de los Gobiernos autonómicos medios del Estado, el Gobierno contestaba tarde y mal enfangando las ayudas en formularios burocráticos, para así crear una imagen de caos y rentabilizar políticamente las desgracias.

Así deben entenderse las declaraciones de los ministros Robles, Marlaska y Aagensen y sobre todo de las infames acusaciones de la directora de Protección Civil la sanchista Virginia Barcones, en las que acusaban a los presidentes autonómicos de pedir demasiados medios. Estamos ante una nueva “mutación” de la famosa frase De Pedro Sánchez. “si quieren medios que los pidan” y cuando se piden esta frase se convierte en “no pidáis que no os lo vamos a dar”. Todo esto lo hemos visto en las distintas catástrofes que nos han afectado en los últimos años.

De lo que no hay duda es que los medios del Estado se han deteriorado bajo el sanchismo, lo hemos visto en la protección civil, en el mantenimiento de las carreteras, en las líneas de ferrocarril y en los aeropuertos, entre muchos otros servicios públicos. Este deterioro es fruto de que el Gobierno está mas pendiente en sobrevivir y para ello está entregando miles de millones a sus socios disgregadores en vez de invertirlos en el conjunto de los españoles.

España necesita unos presupuestos generales y el Gobierno no los puede aprobar y así mejorar las estructuras del Estado, porque sus socios no quieren y así pueden exprimir mejor la debilidad sanchista y obtener más fácilmente los fondos necesarios para seguir su ruta secesionista y disgregadora. La debilidad del Estado, paso previo a su demolición, es el fin último de los socios de Sánchez y este superpone su interés, y el de sus amigos encarcelados o no, de mantenerse en el poder a las necesidades de todos los ciudadanos vivan donde vivan y voten a quién voten.

Sánchez utiliza los medios del Estado para mantenerse en el poder, dando o quitando según su cálculo político. Dando a su socios secesionistas y disgregadores y quitando a las Comunidades Autónomas de distinto signo político. Así piensa que podrá conseguir unos meses más de legislatura, dándole exactamente igual si deja un Estado en ruinas y en peligro de demolición, siguiendo el modelo de su ahora máximo consejero José Luis Rodríguez Zapatero.

Pero subsistir a cuenta de cesiones o intentando sacar rédito político de una desgracia colectiva es todo un epitafio que persigue a Sánchez, por eso no puede acompañar a los Reyes a las visitas a las zonas afectadas y solo acude cuando le garantizan un perímetro de seguridad y así evitar estar con los ciudadanos, esa es la realidad y no la que nos quieren vender los medios y opinadores sanchistas. Los ciudadanos no nos resignamos a presenciar la demolición del Estado.