Sánchez incendia España para sobrevivir
Sánchez se consume. Y arrastra consigo a la política
Junts lo volvió a conseguir esta semana: imponer al Gobierno que las grandes empresas atiendan en catalán en toda España. Una nueva humillación de Sánchez a cambio de un puñado de votos. Cada ley, una subasta. Cada sesión, una rendición.
Y mientras tanto, las encuestas son demoledoras. Según GAD3 para ABC, un 32% de votantes socialistas ya admite que a Sánchez no le quedan fuerzas para seguir en La Moncloa. La resistencia presidencial se ha convertido en una agonía.
A esa debilidad se suma un Gobierno roto. La chapuza del “solo sí es sí” liberó a mil agresores sexuales. Ahora las pulseras fallidas ponen en riesgo a mujeres que confiaban en la protección del Estado. La política de vivienda es humo. La improvisación, rutina. El feminismo de pancarta, papel mojado.
Pero Sánchez tiene una válvula de escape: avivar el conflicto. No gobierna, tensiona. No resuelve, divide. Gaza como pancarta electoral, el catalán como moneda de cambio, el fango judicial como cortina de humo.
El retrato es el de un presidente agotado que prefiere incendiar el país antes que asumir su final. La estrategia es clara: prolongar su poder un mes más, aunque sea sobre las ruinas de España.
Sánchez se consume. Y arrastra consigo a la política, las instituciones y la convivencia. Su último refugio: propaganda y conflicto.
A.M. BEAUMONT