Manual Sánchez: polarización, miedo a Vox y propaganda

El presidente del Gobierno, Pedro SánchezEuropa Press

Creado:

Actualizado:

España vive en vilo porque a Pedro Sánchez le conviene. No es un error: es un método. La semana lo ha vuelto a probar. Junts aprieta y el Gobierno cede: catalán obligatorio en la atención al cliente de grandes empresas en toda España. Cada ley, una subasta. Cada sesión, una rendición.

Mientras, el relato exterior intenta taparlo todo. Foto en la ONU, discurso “por la paz”, alfombra roja con corifeos. Pero la realidad se impone a martillazos: pulseras antimaltrato defectuosas tras el “sí es sí” que rebajó penas a depredadores. El feminismo de pancarta se convierte en papel mojado cuando toca proteger a una mujer concreta.

Las encuestas ya retratan el desgaste. Incluso parte del votante socialista admite que a Sánchez no le quedan fuerzas. Y, sin embargo, el presidente redobla la estrategia: avivar el conflicto como válvula de escape frente a la corrupción que lo asedia. Polarizar para sobrevivir. Agitar el miedo a la alianza de PP y VOX para gobernar, como mejor muleta para sortear la corrupción. Convertir cada decisión en un plebiscito emocional: Gaza como pancarta, el catalán como moneda, la justicia como enemigo.

Cataluña es el espejo. El PSC pierde fuelle; Junts se desangra por su derecha; ERC aguanta a trompicones; suben los extremos, Aliança Catalana y Vox. Frustración independentista y reacción constitucionalista. Fragmentación y bloqueo. La amnistía no pacificó: radicalizó. Sánchez compró tiempo; Cataluña pagó el precio.

El patrón se repite en España entera: instituciones degradadas, con un fiscal general procesado que busca absolverse por delegación; políticas fallidas, con la vivienda convertida en humo y la seguridad de las víctimas fiada a chapuzas; cesiones en cadena, de la lengua a la deuda; propaganda exterior para maquillar la intemperie interior.

Y como si no bastara, hasta la esposa del presidente exhibe el mismo patrón de desprecio institucional. Begoña Gómez estaba citada ayer ante el juez Peinado para comunicarle que, si hay juicio por malversación, lo determinará un jurado popular. No acudió. Una ausencia que revela poco respeto por la justicia y mucho por la impunidad.

No hay proyecto. Hay resistencia. Y la resistencia pide combustible: tensión, ruido, enemigos. Hinchar a Vox para dividir al centro-derecha; regalar símbolos al separatismo para mantener la aritmética; proclamar grandeza internacional mientras el país pierde cohesión y respeto.

La alternativa no consiste solo en denunciar, sino en ordenar el tablero con certezas simples: igualdad sin asteriscos, con la misma ley y los mismos derechos en todo el territorio; seguridad y eficacia por encima de consignas, menos eslóganes y más pulseras que funcionen; un proyecto económico y de país basado en rigor presupuestario, vivienda que se construye y una agenda que ponga a España en modo productividad, no en modo pancarta.

Sánchez seguirá tensionando porque es lo único que le queda. Es su manual: cesiones dentro, propaganda fuera. Pero los manuales se agotan cuando el país entiende el truco. Y España ya lo está entendiendo.

España no necesita ruido. Necesita gobierno. Y Sánchez ya no lo tiene.

A.M. BEAUMONT