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Sánchez se saltará la Constitución otra vez esta semana ¡y no pasa nada!

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El respeto de Sánchez a la Constitución es nulo. La Carta Magna para él es, como todo, algo interpretable y moldeable a sus deseos y conveniencias. Esta próxima semana se va a saltar de nuevo un precepto constitucional, el que le obliga a presentar en el Congreso antes del 1 de octubre los Presupuestos Generales del Estado para 2026. 

Cuando decimos que se va a saltar de nuevo la Constitución es porque se la ha saltado ya en varias ocasiones. Por ejemplo, el año pasado por estas mismas fechas cuando tampoco presentó los Presupuestos en la Cámara Baja, algo a lo que le obliga el artículo 134.3 de la Constitución. 

Ese artículo es muy claro, no admite interpretaciones y establece que el Gobierno tiene la obligación de presentar el proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado ante el Congreso de los Diputados al menos tres meses antes de la expiración de los presupuestos del año anterior. Es decir, en 2024 debió presentar las cuentas en el Congreso antes del 1 de octubre, lo mismo que este año. 

Sánchez reincide en ese incumplimiento y, lo que es más grave, ni siquiera lo reconoce. Tanto él como sus ministros argumentan que ese artículo de la Constitución es interpretable. Falso de toda falsedad. Mienten a sabiendas. Es muy claro y es taxativo.

Así que esta semana vamos a ver cómo nuestro presidente del Gobierno se pasa por el arco del triunfo su obligación y su promesa de cumplir y hacer cumplir la Constitución.

Nada nuevo. Recordemos que él mismo mantenía que la ley de amnistía era algo que no cabía en la Constitución. Acabó aprobándola para comprar con ella los 7 votos de Junts que necesitaba para ser investido. Es decir, compró su sillón de La Moncloa con una ley inconstitucional, según su propio criterio.

Eso demuestra que no tiene límites ni escrúpulos, algo que quedó claro también durante la pandemia. Sánchez aprobó dos estados de alarma parcialmente inconstitucionales, como le advirtió la oposición y como posteriormente ratificó el Tribunal Constitucional. Vulneró derechos fundamentales, como la libertad de movimiento. Si necesitaba hacerlo tenía que haber recurrido al estado de excepción, pero, claro, eso requería muchas más explicaciones, controles y aprobaciones del Congreso. Un estorbo, vamos. 

Si la Constitución le estorba, la aparta o la reinterpreta. Y lo peor de todo es que dijo abiertamente entonces, tras conocer la sentencia del Tribunal Constitucional, que lo volvería a hacer porque salvó cientos de miles de vidas. No, si todavía tendremos que darle las gracias por vulnerar nuestros derechos de manera ilegal.

El problema y el peligro de esa argumentación es que sirve para todo: el fin justifica los medios. Si en 2027, iluminado, entiende que a España no le conviene ir a elecciones, podría negarse a convocarlas, justificándolo en un supuesto interés general o haciendo una torticera interpretación de la ley. ¿Por qué no? Es un maestro en ambas cosas y ya nos ha demostrado con los hechos que es capaz de hacerlo.