la mirilla

Sánchez y sus minutos de la basura

Pedro Sánchez, en una rueda de prensa en la sede del PSOE el 16 de junio.Europa Press

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El PSOE ya no es un partido, es un campo de batalla de WhatsApp. Cada cual va por libre. Sánchez ya no manda ni en su casa. Por más crea tenerlo todo controlado: es el silencio de los corderos.

Y fuera… peor. Su esposa citada por el juez Peinado y ni se presenta. Un desplante que a cualquiera le costaría caro, pero al sanchismo le sale gratis hasta que las urnas se abran.

Dentro, guerra civil socialista. Aunque el partido orgánicamente sea un club de fans con “TeleSánchez” de altavoz. Fuera, desprecio a la justicia, a modo de soberbia impostada. El poder de Sánchez huele a caducado.

Mientras Junts y ERC aprietan, el Congreso sigue en “modo avión”. España entera pendiente de las cesiones de un presidente sin rumbo. Que va como pollo sin cabeza.

La fractura es total: partido roto, instituciones humilladas, crispación como estrategia, Estado convertido en fortín personal.

Resistir no es gobernar. Resistir es arrastrar a un país entero por la mera supervivencia de Sánchez. Un sin vivir político inútil y esperpéntico. España no merece este castigo.

A.M. BEAUMONT