editorial
Sánchez tenía razón con Begoña Gómez: el tiempo pone las cosas en su sitio
Los 121 mensajes no son solo prueba documental; son el epitafio de una defensa endeble. Aún faltan por conocerse los correos de Begoña Gómez, todos desde 2018, que el juez ha solicitado a la Moncloa
Protesta ante el juzgado por la declaración de Begoña Gómez ante el juez Peinado
Hace apenas unos días, Pedro Sánchez salía al paso de las crecientes sombras sobre su entorno familiar con una defensa a ultranza de su esposa. "La verdad acabará imponiéndose, mi hermano y mi mujer son inocentes. El tiempo pondrá las cosas en su sitio", proclamó el presidente del Gobierno en un intento por blindar a Begoña Gómez ante las acusaciones de irregularidades en su cátedra de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Palabras cargadas de convicción, pero que hoy resuenan con un eco irónico: el tiempo, efectivamente, no tarda en desvelar lo que la opacidad intentaba ocultar.
Y no ha pasado mucho. Un informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, remitido al juez instructor, ha destapado 121 correos electrónicos intercambiados entre abril de 2021 y junio de 2024 entre la asesora de Begoña Gómez en Moncloa y el antiguo vicerrector de la UCM, Enrique Álvarez. Lejos de tratarse de un "favor puntual" a una amiga, como defendía la esposa del presidente, estos mensajes revelan una labor constante y sistemática en pro de los intereses privados de Gómez. La asesora, identificada como clave en las gestiones, intervenía directamente en la captación de patrocinios para la cátedra de Innovación y Competencia Digital, contactando con gigantes como Reale, La Caixa, Mercadona e Indra para asegurar convenios millonarios. No eran meras consultas aisladas: se trataba de un engranaje bien aceitado que facilitaba pagos, certificados y acuerdos opacos, todo bajo el paraguas de la universidad pública.
Estos correos desmontan por completo la versión exculpatoria de Gómez, que insistía en que su rol era meramente académico y desinteresado. La UCO cataloga estas intervenciones como "gestiones directas" que rozan la malversación de fondos públicos, al priorizar negocios privados sobre el bien común. Lo que parecía un episodio aislado se erige ahora como un patrón de influencia indebida, con la asesora actuando como nexo entre el poder monclovita y la academia. Resultado: Begoña Gómez se ve catapultada hacia un juicio con jurado popular, donde la verdad judicial podría eclipsar la narrativa oficial.
Sánchez tenía razón, aunque no como imaginaba. El tiempo, ese juez implacable, ya pone las cosas en su sitio. Los 121 mensajes no son solo prueba documental; son el epitafio de una defensa endeble. Aún faltan por conocerse los correos de Begoña Gómez, todos desde 2018, que el juez ha solicitado a La Moncloa y también los que Cristina Álvarez intercambió con el Instituto de Empresa (IE) donde la esposa de Sánchez fue contratada como directora del Africa Center.
Es posible, bastante probable incluso, que la asesora hiciera en ese caso también algo más que llevar la agenda y el protocolo de la 'primera dama monclovita'.