la mirilla
La Moncloa de Sánchez, domicilio de la corrupción
Uno de los accesos al Palacio de la Moncloa
Otro día negro para la esposa del presidente. La Intervención General del Estado (Hacienda, vamos) ha revelado que Begoña Gómez firmaba recomendaciones para su empresario amigo Barrabés al margen de la ley. Y la UCO ha puesto negro sobre blanco sus tejemanejes particulares con los cientos de mails de su asesora empleada pública que usó para sus negocios. No es ya sospecha ni ruido: son hechos. La evidencia de que la mujer de Sánchez jugaba a ser poder sin tener legitimidad para ello.
La escena retrata mucho más que un caso personal. Es la radiografía de un sistema podrido. Mientras Sánchez predica ética y presume de feminismo, su círculo más íntimo está manchado: un fiscal general procesado, un hermano investigado, dos exnúmero dos del PSOE imputados en la trama Koldo… y ahora su propia esposa colaborando en incumplir la ley.
El problema no es solo que Begoña Gómez utilizara su apellido para abrir puertas. El problema es que lo hacía bajo el paraguas de La Moncloa, con el silencio cómplice de un presidente que lo sabía todo. Y callaba.
Sánchez intenta disfrazarse de líder global, de paladín de la paz y la igualdad. Pero cada paso judicial de su entorno lo devuelve a la cruda realidad: la corrupción se sienta en su mesa, duerme en su cama y firma documentos en su nombre.
Con Begoña sellando ilegalidades y Sánchez mirando a otro lado, la corrupción ya tiene domicilio: La Moncloa.
A.M. BEAUMONT