enfoques del director
Begoña Gómez, acorralada por los correos, se defiende de la malversación con dos excusas muy flojas
No llega a eso de "el perro se ha comido los deberes", pero casi. Begoña Gómez, acorralada por la evidencia que exhiben los correos de su asesora a la Complutense, se defiende con un escrito ante el juez en el que utiliza un par de argumentos, excusas más bien, que roza lo patético: "No existe un estatuto de la cónyuge del presidente del Gobierno, esta figura no está regulada". Es decir, como no hay ningún papel donde se diga qué puede y qué no puede hacer una asistente de la mujer del presidente, pues cualquier cosa que haga está bien.
No se lo ha currado demasiado el abogado de Begoña Gómez, la verdad. Un funcionario no puede trabajar para los intereses particulares de nadie. Hay precedentes de sentencias del TS que así lo avalan y además es de sentido común. Pero, por si fuera poco, se contradice con lo que declaró la propia 'primera dama monclovita' ante Peinado, que eran "favores puntuales" que le hacía su amiga Cristina Álvarez. Si no está mal que una asesora haga cualquier labor para la mujer del presidente, ¿por qué no reconocer que le hizo múltiples gestiones, en lugar de favores puntuales? Parece que Camacho, el abogado de Gómez, da palos de ciego.
Pero es usa también una segunda excusa pueril: asegura que el delito de malversación que se imputa a Begoña Gómez "no se ajusta a los usos que se vienen desarrollando desde el advenimiento de la democracia". Se lo traduzco: que lo han hecho todas las mujeres de los anteriores presidentes. Es mentira, claro, pero tampoco eximiría de nada Begoña Gómez. Es como decirle a la Guardia Civil que no te pueden multar por saltarte un stop porque hay miles de personas que se lo saltan cada día sin que les multen. Claro, se multa al que se pilla ni más ni menos, y a Begoña Gómez parece que la han pillado.