editorial
El Gobierno toca fondo: su silencio ante el Nobel de la Paz a María Corina Machado alimenta las peores sospechas
Maria Corina Machado, Premio Nobel de la Paz 2025
El silencio del Gobierno español ante el Premio Nobel de la Paz concedido a María Corina Machado es un escándalo que va más allá de la mera torpeza diplomática. En un mundo donde los galardones de este calibre deberían unir a la comunidad internacional en defensa de la democracia, el Ejecutivo de Pedro Sánchez opta por el mutismo absoluto. Ni una palabra del presidente, ni un tuit de La Moncloa, ni un gesto de los ministros. ¿Cómo explicar esta ausencia deliberada de felicitación a una mujer que ha encarnado la resistencia heroica contra la tiranía?
Es evidente que no se trata de un olvido colectivo. Hay una orden, un mandato que ha sido acatado con la disciplina de un régimen en miniatura. Todos saben quién es María Corina Machado: una líder valiente que ha arriesgado su libertad, su seguridad e incluso su vida para devolverle a Venezuela el pulso de la democracia. Ha desafiado la narcodictadura de Nicolás Maduro, esa maquinaria de represión y corrupción que ha hundido a un país en la miseria. ¿Qué tienen en contra de ella? ¿Por qué negarle, a una Nobel de la Paz, el reconocimiento que cualquier demócrata le debe? Nadie con un mínimo de decencia puede ser tan miserable como para ignorar su gesta. Así que, para desentrañar este silencio injustificado e inexplicable, solo cabe recurrir a motivos oscuros, esos que flotan en las sombras de la opacidad sanchista y que cobran verosimilitud con cada hora que pasa sin una explicación.
El primero es la noche de Delcy Rodríguez en Barajas. Aquella infame reunión en 2020, con José Luis Ábalos y su fiel Koldo García en escena, no pudo ser un mero encuentro casual. ¿Qué tratos se cocinaron en las sombras del aeropuerto madrileño? ¿Negocios turbios que ataron al PSOE a los intereses del chavismo? Nada bueno salió de allí, y el hedor a corrupción persiste, como demuestran las investigaciones judiciales que aún colean.
El segundo motivo nos lleva al corazón del sanchismo: el papel oscuro de José Luis Rodríguez Zapatero. El ex presidente, referente ideológico del PSOE actual, no es un mero observador neutral. Es amigo personal de Maduro, un defensor acérrimo de sus intereses que ha mediado en nombre de España para blanquear al régimen. Zapatero ha viajado a Caracas en múltiples ocasiones como un emisario privado, susurrando en los oídos de la dictadura y socavando cualquier presión internacional. ¿Cómo podría el Gobierno felicitar a Machado sin traicionar a su mentor, ese "pacificador" que ha priorizado la amistad con el verdugo sobre la solidaridad con la víctima?
Y el tercero, ligado al anterior, son las acusaciones del comisionista Víctor Aldama. Este empresario, implicado en la trama de las mascarillas, ha soltado una bomba: el régimen venezolano habría financiado ilegalmente al PSOE con millones de euros. ¿Dinero sucio del chavismo para apuntalar campañas o favores políticos? Aldama lo asegura y el silencio ante Machado alimenta las sospechas. Si hay verdad en esas revelaciones, felicitarla sería como escupir en la sopa propia.
Este mutismo no es solo una bajeza moral; es un síntoma de la podredumbre que carcome al Gobierno. España, con una responsabilidad histórica con un país hermano como Venezuela, no puede permitirse este alineamiento con la oscuridad. La defensa de mujeres como María Corina Machado y todo lo que ella encarna se mide la verdadera estatura de una democracia. Y la nuestra, por culpa de nuestro Gobierno, ha tocado fondo.