editorial
Sánchez sin capacidad de gobernar se atrinchera en Moncloa: España en serio riesgo
La irresponsabilidad es palmaria. El PP de Feijóo ganó las elecciones con promesas de estabilidad, pero Sánchez logró gobernar gracias a los pactos de la infamia con independentistas y bilduetarras
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comparece ante la Comisión de Investigación sobre el caso Koldo en el Senado
La ruptura consumada entre el Gobierno de Pedro Sánchez y Junts per Catalunya marca el principio del fin de una legislatura condenada a la parálisis absoluta. Carles Puigdemont, desde su exilio belga, ha dado la estocada definitiva: sus siete diputados vetarán toda iniciativa legislativa, desde los Presupuestos Generales del Estado hasta reformas clave en Justicia, Sanidad o Defensa. Solo unas pocas leyes menores escaparán al bloqueo, pero el daño es irreparable. España, atrapada en el egoísmo de un presidente incapaz de sumar mayorías, se asoma al abismo de la ingobernabilidad.
Sánchez, atrincherado en La Moncloa como un general sitiado, opta por la negación. A través de portavoces como Óscar López, su Gobierno finge normalidad: "La legislatura continúa como si nada". Pero los hechos son tozudos. Sin los independentistas catalanes, el Ejecutivo pierde su frágil oxígeno parlamentario. Quedan dos salidas: elecciones anticipadas o el peor escenario, aferrarse al poder sin gobernar. Este último, el que parece inclinarse el presidente, condena al país a meses de estancamiento: sin PGE, sin avances legislativos y con los fondos europeos en jaque, atados a reformas que ahora yacen inertes en el Congreso.
La irresponsabilidad es palmaria. El PP de Feijóo ganó las elecciones con promesas de estabilidad, pero Sánchez logró gobernar gracias a los pactos de la infamia con independentistas y bilduetarras, comprando los siete votos de Junts con una ley de amnistía inconstitucional. El incumplimiento de esos acuerdos con Cataluña —amnistía a medias, transferencias diluidas— ha provocado esta rebelión, pero el origen radica en la debilidad estructural de un PSOE minoritario, dependiente de aliados volátiles. Mientras, la economía patina: la inflación persiste, el empleo juvenil se estanca y la deuda pública galopa. ¿Cuánto más puede aguantar España este circo?
Es hora de que el presidente asuma su derrota y convoque elecciones. Aferrarse al poder sin capacidad real de gobernar no es liderazgo, es sabotaje. España merece un Gobierno con legitimidad plena, no un zombi legislativo que pone en riesgo su futuro. Si Sánchez no actúa, la ciudadanía deberá forzar el cambio. El reloj corre, y el país no puede permitirse más experimentos fallidos.