editorial
Sánchez, candidato del PSOE a las elecciones autonómicas: las federaciones regionales tiemblan
¿Quién querrá a María Jesús Montero en Andalucía, estigmatizada por su tibieza con el independentismo catalán? ¿O a Diana Morant en Valencia, a Pilar Alegría en Aragón, a Óscar López en Madrid o a Ángel Víctor Torres en Canarias?
Pedro Sánchez junto a Miguel Ángel Gallardo
Allí, el sanchismo invadió las campañas locales, eclipsando problemas territoriales con batallas ideológicas contra el PP y Vox. Resultado: debacle socialista en Valencia, Aragón, Castilla-La Mancha o Extremadura, donde ex presidentes como Ximo Puig o Javier Lambán pagaron la factura de leyes como la del "solo sí es sí". Sánchez, en pánico, disolvió Cortes y ganó generales apelando al espanto antifascista. Ahora repite la fórmula, pero con un twist letal: sus ministros no son líderes locales, sino extensiones del propio Sánchez, percibidos por el electorado como avatares del desgaste monclovita. ¿Quién querrá a María Jesús Montero en Andalucía, estigmatizada por su tibieza con el independentismo catalán? ¿O a Diana Morant en Valencia, a Pilar Alegría en Aragón, a Óscar López en Madrid o a Ángel Víctor Torres en Canarias? Serán sus traseros los que recibirán las patadas que este país anhela dar al presidente.
Los dirigentes regionales del PSOE, en un raro arrebato de cordura, urgen ya un relevo ministerial para que estos "candidatos caducos" se liberen de Moncloa y peleen en su feudo. Pero Sánchez, sordo a los temblores federativos, aplaza el remiendo al primer trimestre de 2026, coqueteando con el desastre. La primera prueba de fuego llega el 21 de diciembre en Extremadura: no hay ministro en liza, pero sí Miguel Ángel Gallardo, imputado en el caso Koldo que salpica al hermano del presidente. Una conexión directa con La Moncloa que convertirá esas elecciones en un referéndum sobre el nepotismo sanchista.
El PP, con líderes como Juanma Moreno o Alfonso Fernández Mañueco, frota las manos: cada mitin será un duelo con el fantasma de Sánchez, no con rivales locales. Las federaciones socialistas, asfixiadas por esta colonización, ven cómo su futuro se hipoteca a un líder que nadie osa desnudar. Si el rey sigue creyendo en su manto invisible, el PSOE podría despertar en 2026 con autonomías perdidas y un Sánchez más aislado que nunca. Ojalá, para España, el espejo se rompa pronto.