María Guardiola contra el apagón de Sánchez

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo (i), la presidenta del PP de Extremadura, María Guardiola (d), participan en un acto público, en el Pabellón Municipal Juan de Dios Ordóñez, jorge armestar

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Extremadura vuelve a las urnas el 21 de diciembre. No es una cita más en el calendario político: es la primera campaña auténtica del final de ciclo sanchista. Lo que ocurra será lectura nacional, guste o no en La Moncloa.

En el centro del debate, una decisión que lo explica todo:

El PSOE votó la semana pasada en el Congreso contra una enmienda que habría evitado el cierre de la Central Nuclear de Almaraz.

Mientras tanto, Alberto Núñez Feijóo, desde la propia región y junto a la presidenta María Guardiola, fue rotundo: Almaraz no se cierra.

La campaña no va solo de votos: va de voltios. De desarrollo o éxodo. De energía o abandono.

Durante años, Extremadura ha escuchado desde despachos lejanos discursos ecológicos de laboratorio, escritos por quienes nunca han tenido que hacer una maleta porque en su tierra no hay empleo. Almaraz no es una metáfora: son familias, industria, jóvenes que pueden quedarse y no marcharse a Madrid o a Portugal para sobrevivir.

Y en esta campaña habrá un elemento inevitable: el candidato socialista, Miguel Ángel Gallardo, llega con la sombra judicial del caso del hermano de Pedro Sánchez, pendiente de juicio. Donde hay fango en Madrid, siempre hay salpicaduras en las federaciones.

El adelanto electoral tampoco cayó del cielo: una pinza entre PSOE y Vox tumbó los Presupuestos regionales y obligó a repetir elecciones. Quien bloquea una tierra no siempre la gobierna después.

Lo que Extremadura votará el 21 de diciembre es, en realidad, un plebiscito entre dos modelos:

  • El de Sánchez: un PSOE que vota contra Almaraz, contra empleos de su propia gente y llega a campaña arrastrando fiscal general ante el Supremo, esposa investigada, hermano imputado, Koldo, Ábalos, Cerdán y sospechas de financiación ilegal.
  • O el de quienes quieren energía, estabilidad y una región que no pida perdón por desear prosperar.

Aquí no hay relato que maquille nada: si se apaga Almaraz, se apagan pueblos enteros. Porque cuando se apaga una central, lo siguiente que se cierra es la vida alrededor.

Extremadura votará el 21D. Y España, aunque no lo diga aún, también ha empezado a votar.

A.M. BEAUMONT