editorial

Sánchez, Ábalos y Cerdán comparten estrategia: se presentan como víctimas

. Pedro Sánchez lleva años vendiendo que contra él actúa un “fango” orquestado por jueces, medios y oposición. La realidad que reflejan los autos judiciales es justo la contraria

Santos Cerdán a su salida de la prisión de Soto del RealCarlos Lujan

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El guion es idéntico y ya cansa. Pedro Sánchez lleva años vendiendo que contra él actúa un “fango” orquestado por jueces, medios y oposición. Este mismo miércoles, sus dos ex lugartenientes más cercanos han reproducido la misma partitura: Santos Cerdán salió de Soto del Real hablando de “mentiras y manipulaciones” de la UCO y José Luis Ábalos denunció una “espiral de indefensión” ante la petición de 24 años de cárcel. Los tres, en definitiva, se presentan como víctimas de un sistema que, según ellos, les persigue por razones políticas.

La realidad que reflejan los autos judiciales es justo la contraria. El magistrado del Supremo reconoce que los casi cinco meses de prisión de Cerdán sirvieron para “reforzar en buena medida” los indicios y desbloquear pruebas que, de estar en libertad, habrían sido destruidas. La Fiscalía sitúa a Ábalos como “el jefe” de una organización criminal que amañó contratos durante años con ánimo de enriquecimiento. Y, lejos de retractarse, Anticorrupción pide ahora revisar las medidas cautelares para que ambos puedan acabar en prisión preventiva.

No hay lawfare, hay causa. No hay persecución, hay indicios que se consolidan con cada informe de la Guardia Civil y cada escrito del Ministerio Público. Pero la estrategia sanchista funciona porque convierte la responsabilidad en agravio y la corrupción en complot. Mientras Sánchez siga protegiendo la ficción de que el problema es “la derecha y los jueces” y no los sobres, las mordidas y las empresas pantalla, el PSOE seguirá degradando las instituciones que dice defender.

El caso Koldo no es una cacería: es la crónica de un saqueo que ya tiene nombres, apellidos y penas solicitadas. Y el principal responsable político de todo ello sigue en La Moncloa repitiendo el mismo mantra: “Me persiguen”. No, presidente. Le investigan. Y con razón.