editorial
El sanchismo muestra su cara más antidemocrática con la condena al fiscal general
Pedro Sánchez preguntó aquello de "¿quién va a pedir ahora disculpas al fiscal general". Se atrevió a calificarle de "inocente" durante la instrucción del sumario en el Supremo e incluso mientras se desarrollaba el juicio
Pedro Sánchez y el fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, en una fotografía tomada en septiembre de 2022.
El sanchismo ha demostrado que es una anomalía democrática. Su reacción ante la condena al fiscal general del Estado por revelación de secretos les sitúa a un paso del golpismo. Ni aceptan la separación de poderes ni la independencia judicial ni, en consecuencia, el Estado de Derecho. Las reglas del juego democrático suponen respetar las sentencias y acatarlas. Se pueden criticar, por supuesto, pero con razonamientos jurídicos, no con acusaciones disparatadas sobre supuestas motivaciones políticas detrás de los 5 magistrados del Tribunal Supremo que han decidido condenar a Álvaro García Ortiz.
¡La cantidad de barbaridades que hemos tenido que escuchar en las últimas horas! Barbaridades pronunciadas por políticos del PSOE y de la izquierda en general, periodistas de medios afines e incluso juristas, presuntos juristas, que se atreven a cargar contra el tribunal de manera irresponsable y gratuita. Todos ellos parecen seguir la estela y probablemente las instrucciones del presidente del Gobierno, el primer irresponsable en esta película de terror que se empeña en rodar el sanchismo.
Pedro Sánchez preguntó aquello de "¿quién va a pedir ahora disculpas al fiscal general". Se atrevió a calificarle de "inocente" durante la instrucción del sumario en el Supremo e incluso mientras se desarrollaba el juicio. Este jueves hemos escuchado la segunda parte por boca del ministro Óscar López: el fiscal general es inocente "a pesar de lo que diga el Supremo". Al portavoz parlamentario del PSOE, el incalificable Patxi López, le parece "una vergüenza" el fallo del Supremo. Lo dicho, a un paso del golpe de Estado. La deriva autoritaria del sanchismo es muy preocupante.
Y aún falta la traca final, que el propio Pedro Sánchez se pronuncie sobre la condena a su fiscal general. Veremos hasta dónde es capaz de llegar, pero hay que ponerse en lo peor. Con Sánchez siempre hay que ponerse en lo peor. Es posible, incluso probable, que apruebe un indulto exprés. Le sobra desvergüenza para eso y para más. En todo caso parece que va a buscar la confrontación frontal con el Tribunal Supremo para, con su narrativa del lawfare y el victimismo, tratar de movilizar y radicalizar a sus adeptos. El problema es que está jugando con la desestabilización como factor de movilización. Un peligro para la democracia.