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Feijóo hace anatomía con Sánchez

Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo en la sesión de control en el Congreso

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Pedro Sánchez llegó ayer miércoles a la sesión de control del Congreso con la misma táctica de siempre: sonreír, teatralizar y fingir normalidad mientras el poder se le cae encima. Pero Feijóo le habló desde otro plano: el del país real que ya no compra ni una línea del guion monclovita.

El líder del PP fue directo al visible mentón presidencial.

Le recordó que su legislatura es un velorio político: “Está usted de cuerpo presente, pendiente de la entrada en prisión de otro de su cuadrilla”.

No es una frase: es un retrato. Cada semana cae un eslabón del clan. Y Sánchez, que presume de regeneración, gobierna rodeado de procesados, investigados y condenados.

Feijóo subió un peldaño más: “Han vuelto a contratar a un señor que fue despedido de La Moncloa por abuso sexual”.

Se refería a Paco Salazar, expulsado por acoso y recuperado por el sanchismo como si nada. Y remató con un directo limpio: “¿Es que no sabe gobernar sin estar asistido por un presunto delincuente de confianza?”

El hemiciclo se retorció.

Porque detrás de esa pregunta late la clave: Sánchez solo gobierna rodeado de leales que terminan en sumarios judiciales. Llaman “cuadrilla” a lo que en cualquier país serio sería un entorno tóxico.

Y Feijóo cerró con la frase que ya es titular inevitable:

“Cuando se ruede la serie sobre sus años en la presidencia, se titulará Anatomía de un farsante”.

No hay mejor sinopsis para esta etapa política. Porque mientras Sánchez acusa conspiraciones, ataca jueces, insulta a la oposición y manipula instituciones, la realidad es otra:

— un fiscal general condenado,

— un hermano imputado,

— una esposa investigada,

— un PSOE podrido por el 2% de Cerdán, Ábalos y Koldo.

— fontaneras, chistorras, prostíbulos, tarjetas y vídeos sexuales para intimidar a fiscales,

— y ministros bajo lupa de la UCO.

Y con todo eso encima, todavía pretende dar lecciones desde un púlpito que ya no existe.

Sánchez ha cruzado tantas líneas que hoy intenta colocarse por encima de la ley atacando al Supremo. Cada bofetada suya al poder judicial es la confesión de su miedo. Cada golpe de soberbia, la sombra de su debilidad.

Feijóo lo resumió bien: gobernar no es controlar TVE ni sobrevivir apagando fuegos. Gobernar es saber marcharse cuando ya eres parte del problema.

Porque cuando la corrupción se vuelve atmósfera, cuando el poder solo respira porquería, cuando cada rostro del presidente termina en un juzgado, solo queda una conclusión posible: el farsante no es el sistema. Es él.

Y a los farsantes siempre se les cae la máscara. Sánchez ya ni la tiene.

A.M. BEAUMONT