editorial
Sánchez y el peligro del pucherazo electoral: hay antecedentes
Koldo García asegura haber oído que "en las primarias de 2017 votaron hasta los muertos a favor de Sánchez"
Una reciente entrevista exclusiva a Koldo García en OKDIARIO, ha encendido todas las alarmas sobre la integridad de los procesos electorales en el PSOE bajo el mando de Pedro Sánchez. En ella, el exasesor de José Luis Ábalos, implicado en el escándalo de corrupción que lleva su nombre, asegura haber oído que "en las primarias de 2017 votaron hasta los muertos a favor de Sánchez". Aunque Koldo matiza que no lo vio directamente, menciona comentarios de voluntarios sobre votos de fallecidos procedentes de Barcelona y Sevilla, lo que pinta un panorama siniestro de manipulación en las internas socialistas.
Esta revelación no es un hecho aislado, sino la última pieza de un puzle que revela un patrón preocupante en la trayectoria de Sánchez: el recurso al fraude para aferrarse al poder. Todo presuntamente, claro. Retrocedamos a 2014, cuando Sánchez se impuso en las primarias del PSOE contra Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias. Según un informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, Santos Cerdán –actual secretario de Organización del PSOE y mano derecha de Sánchez– ordenó a Koldo García introducir dos votos falsos en una urna durante la elección del máximo órgano del partido en Navarra. Los WhatsApp interceptados por la UCO, fechados el 13 de julio de ese año, muestran cómo Cerdán instaba a su colaborador a ejecutar esta maniobra para alterar el resultado. Susana Díaz, una de las afectadas por aquellas primarias, ha exigido "transparencia inmediata" ante estas sospechas, calificando el informe como potencialmente demoledor si se confirma.
Pero los antecedentes no se limitan a las primarias. En octubre de 2016, durante la crisis interna que culminó con la dimisión de Sánchez como secretario general, se produjo un intento flagrante de amañar una votación en el Comité Federal del PSOE. Sánchez y sus aliados impulsaron una consulta sobre un congreso exprés y primarias, pero sin censo, sin interventores ni controles mínimos: las urnas estaban escondidas tras mamparas, lo que provocó gritos de "pucherazo" y un caos absoluto con lágrimas, insultos y desolación entre los militantes. Esta "chapuza" urdida por su equipo fue el detonante de su derrota, con los críticos –liderados por barones como Susana Díaz– tumbando su propuesta en una votación a mano alzada que fracturó el partido. Fue un fallido pucherazo que evidenció la disposición de Sánchez a saltarse las reglas para mantener el control, y que le costó el cargo temporalmente hasta su regreso en 2017.