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Pedro Sánchez se pega el primer batacazo en Extremadura y le espera en dos meses Aragón: efecto dominó

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.Jesus Hellin/STUDIO MEDIA 19

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Las elecciones extremeñas han dejado un titular por encima de cualquier otro. Pedro Sánchez ha recibido una patada en el trasero de su candidato, el procesado Gallardo al que no solo le espera la deshonra y el fracaso sino un juicio a la vuelta de la esquina. Y Gallardo, no nos equivoquemos, es Sánchez. España ha estado pendiente de la noche electoral extremeña como nunca lo había estado porque aquí se votaba mucho más que quién forma gobierno en esa región. Era un plebiscito para el sanchismo. Y el sanchismo ha salido escaldado: ha perdido 10 escaños y el 14% de los votos. Se queda a 18 puntos del PP de Guardiola.

A Gallardo no le han votado ni en su pueblo. Y no es una forma de hablar. El candidato de Sánchez ha perdido las elecciones hasta en su propio pueblo, Villanueva de la Serena. Allí también le ha ganado Guardiola. Y por goleada, por 8 puntos de distancia. No le quieren ni en su casa. En estas circunstancias la salida más lógica es la dimisión inmediata. Gallardo no ha dimitido ni va a hacerlo porque Pedro Sánchez quiere que esté aforado y el juicio a su hermano se retrase e incluso acabe en el Tribunal Supremo. Como de costumbre, a Sánchez solo le interesa Sánchez, su bienestar. Todo lo que hace y dice hay que verlo en esa clave. Por eso ha mantenido a Gallardo de candidato contra viento y marea. No hay otra explicación.

El problema para Sánchez es que la debacle del PSOE es su debacle, así lo perciben los ciudadanos. Y es solo el principio del calvario electoral. En poco más de dos meses le espera un castigo similar o mayor aún en Aragón donde la candidata, su candidata, es la peor posible: la amiga de Paco Salazar, su portavoz durante años, la Pedro Sánchez rubia, si me permiten la broma.

Y luego viene Castilla y León un mes más tarde y después Andalucía... Y los barones socialistas que vean el desastre le van a pedir a gritos que convoque elecciones generales para que sea el propio Sánchez el que purgue sus pecados en las urnas, no mediante persona interpuesta. Que la patada en el culo se la lleve él y luego los ciudadanos puedan juzgar a los líderes regionales en clave autonómica en vez de nacional.

Sánchez es un muerto viviente, es un enfermo en la UCI política al que solo mantiene con vida la respiración forzada que le proporcionan los enemigos de España, desde los bilduetarras hasta los golpistas de ERC y Junts (este a ratos) pasando por los comunistas de Sumar y Podemos. Eso en su empecinamiento antidemocrático de agarrarse al poder como una garrapata a pesar de la corrupción que le rodea y de que ha perdido la mayoría parlamentaria y también la social: nadie le quiere ya y se ha comprobado en las urnas en Extremadura