editorial

Sánchez sale vapuleado de Extremadura: el PP gana, Vox se dispara y la derecha supera el 60% de los votos

Lo trascendental es echar a Sánchez, en qué medida esta aplastante victoria de la derecha supone un punto de inflexión

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y el candidato socialista a la Presidencia de la Junta, Miguel Ángel GallardoEuropa Press

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La mejor noticia para España de la noche electoral en Extremadura ha sido sin duda el descalabro sufrido por Pedro Sánchez en las carnes de su candidato, el procesado Miguel Ángel Gallardo. Al presidente le han castigado los extremeños de una manera rotunda y sin paliativos. Y en su propio terreno de juego, en la comunidad más socialista donde el PSOE había ganado 10 de las 11 elecciones celebradas hasta la fecha. No tiene mayoría parlamentaria. No tiene presupuestos. Está rodeado de corrupción y mentiras. Y este 21-D se ha constatado que el pueblo también le da la espalda.

El PP de María Guardiola ha vencido de forma clara y rotunda. Tiene 29 escaños, uno más que en 2023 y 4 por encima de la suma del PSOE (19) y Podemos (7). Eso implica que una abstención de Vox le valdría para ser investida presidenta de la Junta de Extremadura. Sería un error histórico ir a una repetición electoral porque Vox se enroque en votar no a la candidata del PP. Se especula que el partido de Abascal está pensado incluso en pedir la cabeza de Guardiola.

Vox tiene que disfrutar el momento. Está en su derecho. Pasa de 5 a 11 escaños en la Asamblea de Extremadura y crece casi un 9% en voto, el que más con diferencia. Va a intentar tensar la cuerda al máximo. Es lo que debe hacer. Lo que no puede o no debe hacer es romperla. Bajo ninguna circunstancia.

Pero más allá de las lecturas que quieran hacer unos y otros de sus resultados, lo cierto es que para España y para Extremadura eso no es lo principal. Lo primordial no es si Vox tiene 11 o 13 escaños o si el PP logra 29 o 31. Lo trascendental es echar a Sánchez, en qué medida esta aplastante victoria de la derecha supone un punto de inflexión, un empujón decisivo que acabe tumbando a este Gobierno.

Lo importantes es hasta qué punto puede producirse un efecto dominó que haga caer la última pieza, La Moncloa. Ahora vienen las elecciones en Aragón, luego en Castilla y León y después en Andalucía. Tres derrotas garantizadas que pueden transmitir la sensación de un PSOE a la deriva, en caída en picado. Y cuando un partido entra en picado es muy difícil sacarlo de ahí. Si no que le pregunten a UPyD, de Rosa Díez, o a Ciudadanos, con Albert Rivera.