Sánchez, cobarde como siempre, huye de los resultados en Extremadura: le espera un calvario electoral

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Pedro Sánchez ha comparecido horas después de la catástrofe del PSOE, que es su catástrofe personal. Pero, adivinen qué, no ha hablado ni un segundo de las elecciones en Extremadura. El ególatra siempre ha rehuido responsabilidades cuando las cosas van mal. Lo hizo en el Covid, lo volvió a hacer en la dana y lo ha hecho en todos y cada uno de los procesos electorales en los que su partido se estrellaba, que han sido muchas veces en los últimos 2 años. Lo de este domingo en Extremadura ha sido especial, ha sido una debacle, la caída del PSOE a mínimos insospechados en la región más socialista. 

Los extremeños han votado sobre todo contra Sánchez y su corrupción. Porque corrupción, política al menos, es poner a un candidato procesado que está a la espera de juicio por corrrupción en un caso que tiene como coprotagonista a su hermano, David Sánchez Pérez-Castejón. Corrupción política es cargar contra los jueces que investigan a su entorno político y familar, acusándoles de lawfare, de prevaricar y actuar por motivaciones políticas contra él. Todo eso lo han puesto los extremeños en la balanza a la hora de decidir su voto y el castigo para el presidente que no puede pisar la calle ha sido tremendo, el lógico y esperado, por otra parte.

Sánchez trata de distanciarse de su propia derrota. Quiere saldar la responsabilidad con la dimisión de Gallardo como jefe del PSOE extremeño. Por eso no ha hablado ni una palabra de Extremadura en su comparecencia desde La Moncloa. Solo nos ha anunciado antes de irse 2 semanas completas de vacaciones el nombre de las sustitutas de Pilar Alegría, la amiga del presunto acosador Paco Salazar que se marcha a Aragón para presentarse a las elecciones autonómicas allí, previstas para el 8 de febrero.

Ese es el siguiente gran problema político que se presenta a Sánchez: una más que probable debacle en Aragón. Allí la peor candidata posible, Alegría, no es más que una proyección de Sánchez, la persona que sin inmutarse ha defendido todas y cada una de las barbaridades del Gobierno martes tras martes. Darle el voto es dárselo al líder socialista. Negárselo es castigar a Sánchez. Alegría es simplemente un peón. Y ese mismo escenario se puede volver a repetir en Castilla y León un mes después de Aragón y en Andalucía un tiempo más tarde, como mucho en junio.

Sánchez, siempre cobarde en su manera de actuar, intentará eludir responsabilidades. Tampoco le importa mucho lo que pase en esos territorios mientras él siga en La Moncloa. Así que o espabilan internamente o el ególatra va a acabar con el partido antes de que los españoles tengamos la oportunidad de mandarle a paseo con nuestros votos.