editorial

Sánchez no puede tapar su corrupción comprando a ERC

La legislatura está muerta desde hace meses, con o sin los votos republicanos. El pacto con Junqueras solo ofrece un balón de oxígeno para resistir, no para gobernar

Pedro Sánchez recibe en la Moncloa a Oriol Junqueras

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Pedro Sánchez ha sellado un acuerdo con Oriol Junqueras que inyecta 4.700 millones de euros adicionales a Cataluña, un incremento del 12% en su capacidad presupuestaria, a cambio de un hipotético apoyo de ERC que prolongue su agonía en La Moncloa. Pero esta operación no disimula la realidad: la corrupción que rodea al PSOE y la debilidad crónica del presidente no se arreglan con cheques privilegiados a los independentistas.

La legislatura está muerta desde hace meses, con o sin los votos republicanos. El pacto con Junqueras solo ofrece un balón de oxígeno para resistir, no para gobernar. Sánchez sobrevive prorrogando presupuestos caducos y cediendo ante quienes quieren romper España, mientras los escándalos judiciales avanzan inexorables: casos como el de Ábalos, Cerdán, el hermano del presidente o las tramas de mascarillas salpican directamente al entorno socialista. Los tribunales marcarán la agenda de 2026 con juicios que erosionarán aún más la credibilidad del Gobierno.

El tiempo juega en contra de Sánchez. Las encuestas reflejan un PSOE en retroceso, con el PP consolidado por encima del 32% y la derecha rozando la mayoría absoluta. Cuanto más se aferre al poder, peor para los socialistas, que pagan el precio de un liderazgo obsesionado con la supervivencia personal.

A Sánchez le importa poco el Partido Socialista o España. Por eso no duda en aprobar una financiación singular para Cataluña, que genera agravio comparativo en el resto de comunidades y castiga a sus propios barones. El ejemplo más claro es Pilar Alegría, candidata en Aragón a las elecciones del 8 de febrero. Este acuerdo con Junqueras le da la puntilla en una comunidad ya infrafinanciada, donde los votantes percibirán el privilegio catalán como una traición. Alegría defenderá lo indefendible, pero el daño está hecho.

Sánchez compra tiempo con dinero público, pero no puede comprar limpieza ni legitimidad. Esta legislatura toca a su fin, el Gobierno agoniza y España se resiente.