editorial
Feijóo redobla la presión sobre Sánchez: no se deben olvidar los escándalos de corrupción
No es admisible que el Gobierno pretenda esconderse tras la inactividad habitual de enero mientras los indicios judiciales se acumulan
El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, a su salida del Congreso para declarar ante la jueza de la dana por videoconferencia
El inicio de 2026 ha dejado claro que Alberto Núñez Feijóo no está dispuesto a conceder ni un solo día de tregua a Pedro Sánchez. Pese a que enero es tradicionalmente un mes inhábil en el Congreso de los Diputados, el Partido Popular ha activado toda su maquinaria parlamentaria recurriendo a la Diputación Permanente para exigir comparecencias urgentes del presidente del Gobierno y de hasta siete ministros clave. El objetivo es rotundo: obligar a Sánchez a dar explicaciones detalladas sobre la cascada de escándalos de corrupción que asfixian al PSOE y al propio Ejecutivo.
Los casos Ábalos, Koldo y Cerdán -agravados por recientes detenciones, registros en ministerios, empresas públicas y organismos del Estado- no son meros episodios aislados. Representan un patrón preocupante de presuntas tramas que involucran adjudicaciones irregulares, cobro de comisiones y utilización indebida de recursos públicos. Estos asuntos, lejos de remitir, se han intensificado en los últimos meses y han generado una alarma social legítima que no puede ser eludida bajo el pretexto de un calendario parlamentario.
Feijóo y el PP entienden que la ciudadanía merece respuestas claras y inmediatas. No es admisible que el Gobierno pretenda esconderse tras la inactividad habitual de enero mientras los indicios judiciales se acumulan. Por ello, la oposición exige no solo que Sánchez comparezca, sino también ministros como María Jesús Montero, Isabel Rodríguez, Fernando Grande-Marlaska, Óscar Puente, Ana Redondo, Diana Morant y Mónica García, para que rindan cuentas sobre su gestión ante estos graves asuntos. Además, el PP amplía el foco a temas de calado ciudadano como la crisis de la vivienda, el caos ferroviario, la financiación autonómica o el deterioro del sistema sanitario, evidenciando que la corrupción no es el único lastre de este Ejecutivo.
En un contexto donde la confianza en las instituciones está seriamente dañada, olvidar o minimizar estos escándalos equivaldría a una traición a la transparencia democrática. Feijóo ha optado por la vía de la exigencia constante y sin cuartel, consciente de que la regeneración pasa por la rendición de cuentas plena.