Cuando el adversario importa más que las ideas

Patxi López y Pedro Sánchez charlan en el Congreso con el líder de Vox, Santiago Abascal, de fondo.EDUARDO PARRA / EUROPA PRESS

Creado:

Actualizado:

Hace mucho tiempo ya que nuestros políticos se licenciaron cum laude en tonterías varias, pero lo de votar que no a la proposición de ley para prohibir el burka y el niqab en los espacios públicos con el argumento de que quien la lleva al Congreso es Vox, y registrar un minuto después una ley con el mismo objetivo - que es lo que ha hecho Junts – denota un cuajo superlativo.

Y otro tanto se puede decir del PSOE. A Patxi López, al que ahora llevar el burka le parece que forma parte de la expresión de la libertad religiosa, se le olvida que en 2010 su partido apoyó en el Senado una moción impulsada por el Partido Popular para estudiar su prohibición por razones de seguridad y de dignidad de la mujer. Vamos, que lo que ayer era objeto de inseguridad y preocupación, hoy se convierte en estandarte de principios inquebrantables … O quizá es que los principios son intercambiables según la bancada desde la que se miren.

Señores diputados: o se está o no se está. Una propuesta tiene sentido o no, venga de donde venga. Y si el único obstáculo es la firma que encabeza el papel, entonces de lo que estamos hablando es de un debate más tribal que ético, en el que el coste electoral de coincidir con el adversario pesa más que el contenido de lo que se vota.

En el fondo, más allá de burkas y de Vox, la cosa va de coherencia. Y está claro que últimamente la coherencia aparece por el hemiciclo con la frecuencia de un eclipse: todos dicen esperarla, pero casi nadie la ve.