editorial

La izquierda radical abraza mensajes de la derecha para frenar su caída electoral: seguridad, burkas y regularización

Este viraje no es casual. La izquierda radical, distanciada de sus votantes tradicionales por políticas ideológicas alejadas de la realidad cotidiana, enfrenta una sangría electoral

El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián; la periodista Sarah Santaolalla y el diputado de Más Madrid en la Asamblea, Emilio DelgadoCésar Vallejo Rodríguez / Europa Press

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En un giro inesperado, figuras clave de la izquierda radical española están adoptando discursos tradicionalmente asociados a la derecha para intentar revertir su declive electoral. El acto celebrado en Madrid por Gabriel Rufián (ERC) y Emilio Delgado (Más Madrid) es un claro ejemplo de esta estrategia oportunista. Bajo el pretexto de unir a la izquierda en un “bloque histórico” para competir contra Vox provincia a provincia, ambos políticos lanzaron mensajes que han resonado en las redes y generado controversia.

Rufián, conocido por su independentismo catalán, calificó el burka como una “salvajada” y defendió su prohibición, argumentando que la izquierda laica no puede permitir la invisibilización de las mujeres. Sin embargo, apenas 24 horas antes, ERC había votado en contra de una propuesta de Vox para vetar esta prenda en espacios públicos. Esta contradicción no pasó desapercibida y revela la hipocresía: lo que ayer era “facha” hoy se convierte en bandera propia para captar votos perdidos.

Por su parte, Delgado admitió que a la izquierda “le cuesta hablar de seguridad” en los barrios, reconociendo que en algunos lugares los niños no pueden bajar a la calle por miedo a “movidas”. Un discurso que hemos oído repetidamente en boca de líderes del PP y Vox, pero que la izquierda solía demonizar como alarmista o xenófobo.

A esto se suma la medida impulsada por Salvador Illa en Cataluña, negociada con ERC: los inmigrantes regularizados deberán acreditar conocimiento del catalán para renovar su permiso de residencia, con un año de plazo para iniciar el aprendizaje. Esta exigencia, que afecta a miles en el proceso de regularización masiva anunciado por Sánchez, choca con las declaraciones previas del Gobierno central, que aseguraba que el idioma no sería un requisito para denegar permisos. Ahora, la integración lingüística se impone como condición, algo que la izquierda ha tildado históricamente de extremista y discriminatorio.

Este viraje no es casual. La izquierda radical, distanciada de sus votantes tradicionales por políticas ideológicas alejadas de la realidad cotidiana, enfrenta una sangría electoral. Adoptar temas como la seguridad, el control migratorio y el laicismo radical es un intento desesperado por recuperar terreno. Pero la incoherencia y el oportunismo solo evidencian su crisis profunda: cuando el poder aprieta, las convicciones se diluyen. La verdadera izquierda debería reflexionar sobre su desconexión con la gente real, no imitar a sus adversarios para sobrevivir.