la mirilla
Feijóo, Guardiola, Azcón… el ejército en orden
Alberto Núñez Feijóo felicita a la candidata 'popular' en las elecciones a la Junta de Extremadura, María Guardiola, junto al presidente del PP en Aragón, Jorge Azcón.
El Partido Popular ya preside las Cortes de Aragón. Y también las de Extremadura. No es un detalle administrativo. Es arquitectura de poder.
Mayoría en las Mesas. Control del Legislativo. Capacidad para ordenar el debate, fijar tiempos, influir en la agenda. Primer movimiento completado.
Mientras tanto, Vox sigue en la negociación de las investiduras. O en el amago de bloqueo.
Aquí empieza el ensayo nacional.
El PP ha aprendido de 2023. Entonces cedió posiciones sin garantías. Hoy el mensaje es distinto: los cargos no se entregan por anticipado. La estabilidad se pacta, no se fía. La política no es emocional. Es correlación de fuerzas.
Si Vox vota con el PSOE en contra de la investidura de María Guardiola, el titular no hablará de firmeza ideológica. Se escribirá como bloqueo. Y ningún votante de centro derecha quiere ver a su partido facilitando, aunque sea indirectamente, la continuidad de la izquierda sanchista.
Además, la abstención de los de Abascal bastaría en segunda votación en el caso de Guardiola. Ese es el punto.
El PP está construyendo poder institucional antes de cerrar gobiernos. Es una forma de negociar desde posición dominante. Y eso no es solo regional. Es un mensaje nacional.
Si Feijóo aspira a La Moncloa, necesita demostrar que sabe gestionar mayorías complejas sin perder el control del tablero. Aragón y Extremadura son laboratorios. Vox tiene que decidir si quiere ser socio influyente o fuerza testimonial.
Porque una cosa es crecer.
Otra, gobernar. Con un poder que no se improvisa. Se consolida. Y después, por cierto, se ejerce.
A.M. BEAUMONT