Sánchez y sus ministros desaparecen en medio del juicio a Ábalos y Koldo: pánico en Moncloa

Esta desaparición no es casual. Revela pánico. Porque el juicio pone el foco en la responsabilidad política última: ¿cómo es posible que nadie en Moncloa ni en Ferraz detectara lo que ocurría bajo su mando?

Pedro Sánchez en el museo del videojuego

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Mientras el Tribunal Supremo acoge el primer juicio por la trama de las mascarillas, con José Luis Ábalos, Koldo García y Víctor de Aldama sentados en el banquillo, el presidente del Gobierno y su equipo han optado por la estrategia más elocuente: esfumarse. La primera semana de sesiones ha desvelado detalles de comisiones ilegales, entregas de dinero en efectivo y adjudicaciones opacas de contratos sanitarios durante la pandemia, una corrupción que anidó en el corazón mismo del Ministerio de Transportes y salpicó directamente al PSOE. Y en Moncloa, silencio sepulcral y agenda vacía.

Ábalos no era un ministro cualquiera. Fue el hombre que aupó a Sánchez en las primarias, su lugarteniente como secretario de Organización del partido y uno de los pilares de su llegada al poder. Koldo García, su mano derecha, manejaba las claves de esa operativa. Hoy, la Fiscalía pide para ellos penas que superan los 20 años de cárcel. La trama revela un uso obsceno del poder: convertir la emergencia sanitaria en un negocio particular con sobres de dinero en B, empresarios de confianza y presuntos enchufes. Lo que se juzga no es solo un caso aislado de corrupción, sino una forma de gobernar que toleró —o al menos no vio— que lo público se convirtiera en botín privado.

Frente a esto, el Gobierno ha entrado en modo “nevera”. Sánchez se marcha de viaje a China, los ministros reducen comparecencias al mínimo y el Consejo de Ministros se limita a cuestiones periféricas destinada a intentar desviar el foco, como blindar el aborto en la sanidad pública. Ninguna declaración contundente, ninguna iniciativa que demuestre que el Ejecutivo asume la gravedad de lo que ocurre a pocos metros de su sede. Fuentes socialistas hablan de “días duros”, pero insisten en que la trama está “amortizada” y que la ciudadanía ya lo tiene “descontado”. Un ejercicio de autocomplacencia preocupante.

Esta desaparición no es casual. Revela pánico. Porque el juicio pone el foco en la responsabilidad política última: ¿cómo es posible que nadie en Moncloa ni en Ferraz detectara lo que ocurría bajo su mando? ¿Nadie preguntó por aquellas comisiones millonarias? La expulsión posterior de Ábalos fue un movimiento defensivo, no una purga ética. Ahora, cuando la Justicia avanza inexorable, el sanchismo elige mirar hacia otro lado y refugiarse en la agenda internacional o en batallas culturales.