editorial
El Gobierno de Sánchez enfanga el proceso electoral en Andalucía con Óscar Puente como ariete
En un momento en que las familias de Adamuz aún procesan su duelo -una “montaña rusa” emocional, como la definió Liliana-, el Gobierno prefiere la polarización al esclarecimiento sereno de los hechos
Pedro Sánchez y Óscar Puente en Adamuz
El accidente del Alvia en Adamuz, ocurrido el pasado 18 de enero, dejó un reguero de dolor y familias rotas. Una tragedia que exigía respeto, rigor en la investigación y unidad ante el sufrimiento. Sin embargo, el ministro de Transportes, Óscar Puente, ha convertido ese drama en un arma electoral barata. En plena precampaña andaluza, el ariete del Gobierno de Pedro Sánchez ha elegido culpar al 112 de la Junta para desviar la atención de las responsabilidades que corresponden a Adif y Renfe: la falta de información precisa sobre la ubicación y el estado del tren, que generó confusión y retrasos iniciales en la respuesta de emergencias.
Puente, desde la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, ha insistido en “esclarecer si negligencias en el 112 pudieron conducir a que más personas fallecieran”. Olvida, o finge olvidar, que él mismo elogió en su día la gestión andaluza con un rotundo “chapó”. Ahora, con las elecciones a la vista, cambia de discurso y abre un frente que muchas víctimas no comparten.
Fidel y Liliana Sáez, hijos de Natividad de la Torre -una de las fallecidas que viajaba con sus nietos para ver El Rey León-, han desmontado con dignidad y dolor esa estrategia. En una entrevista en COPE, visiblemente emocionados, han defendido la actuación general de los servicios de emergencia. Liliana recordó cómo, en el homenaje a las víctimas, no pudo empezar su discurso sin darles las gracias. Fidel fue aún más directo: “No se puede mentir y polarizar más”. “Nosotros lo hemos vivido en primera persona y no estamos de acuerdo con que se diga que ha fallado el sistema de Emergencia”. Su mensaje es claro: la tragedia no debe servir para separar ni para hacer campaña.
El consejero Antonio Sanz lo ha resumido con crudeza: las víctimas merecen respeto, no ruido político. Puente utiliza a los afectados como escudo mientras el Ministerio evita asumir las fallas de coordinación que, según informes de la propia Guardia Civil y Adif, partieron de su ámbito de responsabilidad.
Este enfangamiento deliberado del debate electoral en Andalucía es indigno. En un momento en que las familias aún procesan su duelo -una “montaña rusa” emocional, como la definió Liliana-, el Gobierno prefiere la polarización al esclarecimiento sereno de los hechos. La justicia y la verdad técnica deben prevalecer sobre las urnas. Las víctimas de Adamuz no son munición electoral. Quien las trate como tal demuestra no solo falta de empatía, sino un desprecio profundo por la decencia democrática.