El joven andaluz ya es profeta en su tierra

El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, despliega la bandera andaluza en el balcón principal de San Telmo, junto a la periodista Isabel Jiménez.Joaquín Corchero / Europa Press

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Durante décadas, una persona joven y del sur aparentemente podía cumplir todos los requisitos para que en su tierra no encontrara el sitio adecuado en el cual pudiese desarrollar de manera plena su talento profesional. Por esta idea anterior, durante años se ha hablado de la denominada “fuga de talento”. 

La falta de oportunidades histórica en el sur de España empujaba a los perfiles andaluces más brillantes a buscar metas profesionales fuera de sus ciudades, teniendo la gran mayoría de las veces Madrid o Barcelona como horizonte de aterrizaje. Esta situación ha tenido durante mucho tiempo una lectura política crítica, dado que resultaba frustrante para los jóvenes ver cómo, estando altamente cualificados, no encontraban el sitio adecuado para poder desarrollar sus habilidades en su tierra natal.

Sin embargo, y gracias al desarrollo de políticas conscientes de este problema, el panorama actual que percibimos es completamente diferente. Hoy, el entorno profesional y empresarial de Andalucía ha dejado de tener un tinte negativo para ofrecer un ambiente de apertura donde las opciones para los jóvenes se han multiplicado de manera exponencial. 

Este cambio no es solo gracias al desarrollo de nuevas políticas ni a decisiones que emanen de un sillón parlamentario, sino que también se debe a un cambio de actitud por parte de la población; una actitud que no nace de manera casual, sino de la necesidad de una generación que quiere que Andalucía se encuentre y sea reconocida desde el lugar que se merece. Este cambio de actitud no es fruto de la casualidad, sino que hemos llegado a él al instalarnos en un ambiente político y social mucho más favorable que hace apenas unos años, lo que ha permitido que el talento joven crezca y reclame oportunidades para poder quedarse en casa.

Andalucía, que ha destacado y destaca por ser una tierra con un patrimonio histórico muy considerable, a veces ha visto cómo esto —aunque sea positivo— ha servido como baza para entender que era un sitio que había tenido un pasado brillante pero no un presente. Esto ha provocado que muchas veces los andaluces hayan tenido que nadar a contracorriente para conseguir que su opinión fuese merecedora de respeto. 

Sin embargo, el panorama se ha ido despejando poco a poco y, en la actualidad, Andalucía se posiciona en una zona clave que cumple con muchos requisitos necesarios para que los jóvenes podamos desarrollar de manera plena nuestro liderazgo. Podemos ver cómo la juventud de nuestro tiempo tiene una actitud contagiosa de mantener la identidad de su pueblo y llevar por bandera lo “suyo”; esto, que puede parecer irrelevante, se convierte en el mejor motor que puede tener un territorio para posicionarse como lugar de referencia.

La identidad, por tanto, es el pilar fundamental del cambio. En un pasado no tan lejano, nuestro acento u origen pudieron suponer un freno para el desarrollo profesional o intelectual, pero gracias al trabajo constante esta idea se quedó por el camino. El andaluz del 2026 no tiene que pedir permiso para hacerse un hueco, sino que simplemente tiene que desarrollar su trabajo de igual manera gracias a una labor que se sustenta en la solvencia y la capacidad. 

No se debe demandar ese respeto desde el victimismo de una sociedad que durante años no fue del todo respetada, sino desde unas nuevas generaciones que dominan el liderazgo de la transformación social de una tierra a la que todo el mundo mira, y a la que los más grandes ahora se quieren parecer, utilizándonos como modelo a seguir.

En definitiva, podemos decir que, gracias al trabajo que han hecho las instituciones por poner a Andalucía en un lugar pionero y al esfuerzo incansable por restablecer nuestra identidad, el joven andaluz de hoy es dueño de su destino para poder crear un futuro con todo tipo de posibilidades y así ir labrando su propio camino, lo que seguramente fue mucho más difícil para sus padres o abuelos.

Desde pequeño he escuchado en casa historias de una Andalucía muy distinta a la que vivimos hoy. Mi abuelo y mi bisabuelo tuvieron que marcharse a Barcelona -que entonces parecía lejísimos- para poder abrirse camino, dejando atrás una Málaga empobrecida, con pocas oportunidades y muchas dificultades.

Hoy, sin embargo, la realidad es otra. Vivimos en una tierra que atrae talento, inversión y grandes proyectos internacionales. Málaga se ha transformado en una ciudad abierta, dinámica y cosmopolita, que poco tiene que ver con aquella que obligó a marcharse a generaciones enteras en busca de futuro.

El cambio ha sido tan profundo que, si alguien se lo hubiera contado a mi abuelo, probablemente no lo habría creído: hoy no solo vienen grandes empresas a Andalucía, sino que incluso hay talento andaluz liderando proyectos fuera de este mundo. Literalmente. Como el malagueño Carlos García Galán, implicado en el diseño de la futura base de la NASA en la Luna.

Quizá ese sea el mejor ejemplo de hasta qué punto ha cambiado el escenario: hoy el joven andaluz por fin es libre para decidir su futuro. Quedarse o marcharse ya es una elección, no una obligación. Y, visto lo visto, a veces ese futuro ni siquiera está en este planeta.

También hay que reconocer que esta nueva posición competitiva de Andalucía puede jugar un papel perjudicial para los andaluces dado que, en algunos aspectos, todavía no hemos sabido ponernos a la vanguardia. 

Es evidente que el cambio de una sociedad no se puede hacer de la noche a la mañana, pero tampoco se puede entender un territorio como pionero si no es capaz de dar a los suyos los mejores servicios en lo más básico como: sanidad, vivienda, limpieza o educación; cuestiones que son todavía asignaturas pendientes en nuestra tierra y que merecen ser atendidas de inmediato por parte de todas las fuerzas políticas.

Parándonos un momento y teniendo una visión global de lo que supone ser a día de hoy un joven andaluz, podemos afirmar que es un reto apasionante que debemos aprovechar y exprimir al máximo, teniendo siempre clara la responsabilidad que esto supone. 

Nos encontramos en un momento donde las condiciones están a nuestro favor para poder desplegar nuestras alas y hacer de nuestra tierra una aún mejor.  Esto no quiere decir que nos vayan a regalar nada ni que vaya a ser tarea sencilla, sino que debemos trabajar duro para hacer de estas circunstancias favorables una verdadera revolución de liderazgo joven.

Andalucía y, por ende, los andaluces, somos personas que cumplimos muchos de los requisitos que nuestro mundo demanda a voces; por eso, sabiendo siempre de dónde venimos y sin perder la identidad que nos hace ser quienes fuimos y quiénes somos, debemos atrevernos a seguir dando esos pasos tan necesarios para seguir poniendo a Andalucía en el punto de mira como un lugar clave para el mundo del siglo XXI.