editorial
Ábalos y Montero: el dúo que movía los hilos de la impunidad
Eso es exactamente lo que destapa hoy ESdiario: una conversación privada en la que el entonces ministro de Transportes detallaba a la hoy candidata socialista a la Junta de Andalucía las gestiones para “sacar” a tres ministros de los sumarios de Isofotón y Aznalcóllar
José Luis Ábalos y María Jesús Montero
La corrupción no siempre deja rastro en sentencias condenatorias. A veces basta con una llamada, una reunión discreta y la complicidad de quien tiene poder suficiente para “arañar tiempo” hasta que el reloj judicial expire. Eso es exactamente lo que destapa hoy ESdiario: una conversación privada entre José Luis Ábalos y María Jesús Montero en la primavera de 2021 en la que el entonces ministro de Transportes detallaba a la hoy candidata socialista a la Junta de Andalucía las gestiones para “sacar” a tres ministros —ella incluida, junto a Planas y Ribera— de los sumarios de Isofotón y Aznalcóllar.
“Ayer tuve una reunión para hablar de cómo sacar a los ministros de todo lo de Iso”, le informa Ábalos. Y remata con la frialdad del que conoce el final: en Aznalcóllar “arañamos tiempo porque el resultado lo sabemos, habrá archivo”. Bingo. Ambos casos terminaron archivados. En Isofotón, gracias a un tecnicismo temporal que la propia reforma del PSOE facilitó; en Aznalcóllar, tras meses de dilación que permitieron que las sospechas de la UCO sobre adjudicaciones irregulares, relaciones opacas y extraños movimientos societarios quedaran en nada.
Montero, que aspiraba entonces a liderar el PSOE andaluz mientras su gestión pasada en la Junta pesaba como una losa, bendijo las maniobras de su “tronco” Ábalos. Después, en público, negó vínculos con los implicados y se desentendió de quienes ella misma había intentado proteger. La misma Montero que llama "chica siniestra" a Leire Díez por hacer lo mismo que ella practicaba en privado.
Este no es un caso aislado de amistad política. Es la prueba de que, en ciertos círculos del PSOE, la justicia se percibe como un obstáculo que hay que sortear con “belicismo fiscal” de por medio o con reuniones “largas pero bien”. Mientras los ciudadanos ven cómo los ERE, los avales millonarios a empresas zombis o las adjudicaciones dudosas quedan en agua de borrajas, los verdaderos artífices de la impunidad siguen en primera línea.
La democracia se defiende exigiendo que nadie esté por encima de la ley. Ni aunque tenga agenda en Moncloa ni aunque aspire a San Telmo. El archivo no borra la sospecha cuando quien lo consigue es el mismo que movía los hilos en la sombra.