editorial

Aldama cumple su amenaza: Pedro Sánchez y Begoña Gómez más señalados que nunca por la corrupción

El golpe más duro llegó al situar al propio Pedro Sánchez en el vértice de la pirámide. Aldama lo colocó en el “escalafón 1” de la supuesta organización

Víctor de Aldama declara en el Supremo por el caso mascarillas

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Víctor de Aldama ha cumplido su palabra. En una declaración demoledora ante el Tribunal Supremo, el empresario ha sacado todo su arsenal contra la pareja presidencial y ha ofrecido un relato cronológico y pormenorizado de la trama que deja a Pedro Sánchez y a Begoña Gómez más expuestos que nunca ante las acusaciones de corrupción.

Todo comenzó en 2018, poco después de la moción de censura. Aldama, a través de su hermano, contactó con Koldo García, entonces asesor de José Luis Ábalos en Transportes. Aquel encuentro marcó el inicio de una relación que, según su testimonio, se convirtió en un engranaje perfecto para amañar contratos públicos y recaudar dinero en efectivo destinado a financiar al PSOE. Aldama detalla cómo Koldo y Ábalos lo ficharon para “ayudar” a constructoras a cambio de comisiones millonarias que, en parte, acababan en las arcas del partido. Pagos fijos de 10.000 euros mensuales, entregas en efectivo en el propio ministerio y hasta 4 millones de euros en donaciones irregulares a Ferraz son algunos de los detalles que el empresario ha expuesto sin titubeos.

Pero el golpe más duro llegó al situar al propio Pedro Sánchez en el vértice de la pirámide. Aldama lo colocó en el “escalafón 1” de la supuesta organización: “Si hay jerarquía y yo estoy en la banda criminal, el presidente está en el uno, Ábalos en el dos, Koldo en el tres y yo en el cuatro”. Y lo remató con un encuentro en un mitin del PSOE en 2019: tras el acto, Koldo lo llevó ante Sánchez, quien, según Aldama, le estrechó la mano y le dijo textualmente: “Muchas gracias por todo. Sé perfectamente lo que estás haciendo”. El presidente del Gobierno, por tanto, no solo conocía la trama, sino que agradeció personalmente el esfuerzo recaudatorio.

Ni siquiera Begoña Gómez se salvó del fuego amigo. Aldama desveló cómo una oferta suya de 250 millones de euros —luego rebajada a 208— por el complejo Campos Velázquez de la SEPI (un paquete de seis edificios en pleno barrio de Salamanca de Madrid) fue torpedeada desde arriba. Koldo le ordenó retirar la puja porque “Begoña Gómez, la mujer del presidente, lo quiere para ella”. La operación, que ya había sido tramitada por el jefe de gabinete de María Jesús Montero, se frenó en seco. Favores entre altos cargos, intereses personales y la SEPI como instrumento: un engranaje que, según Aldama, demuestra cómo la influencia de la esposa del presidente llegaba incluso a bloquear negocios multimillonarios.

Ante estas graves acusaciones, son esperables dos cosas. Por un lado, que la Fiscalía tome nota e investigue a fondo las revelaciones de Aldama, que implican directamente al presidente del Gobierno y a su esposa. Por otro, que Pedro Sánchez y Begoña Gómez den la cara: que ofrezcan explicaciones públicas, contesten las preguntas que surgen de este testimonio y despejen, si pueden, las numerosas dudas y sospechas que han quedado en el aire. La transparencia y la rendición de cuentas no son opcionales en una democracia; el país las exige.