Miguel Ángel Castellón

Senador del Partido Popular por Almería

Estabilidad, agua y energía: todo lo que necesita Andalucía

Imagen aérea de una presaDan Meyers en Unsplash

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Podría parecer una frivolidad comenzar una columna de opinión para un periódico con este pareado. Quizás lo sea. Pero la realidad es que son tres palabras que sumadas se me antojan como los ingredientes necesarios para los retos de futuro que la comunidad andaluza encara en los próximos años.

Andalucía no necesita milagros. Necesita estabilidad, agua y energía. Casi un juego de palabras, pero en esas tres ideas se resume buena parte de lo que está en juego en los próximos años. Porque Andalucía ha cambiado, ya no es sólo una tierra que presume de calidad de vida, de clima, de talento y de capacidad de trabajo. Andalucía empieza a ser una tierra que compite por inversión, por industria, por empleo cualificado y por futuro. Pero ese cambio no está garantizado. Puede consolidarse o puede frenarse y para consolidarlo hacen falta tres cosas muy concretas.

La primera es estabilidad.

Estabilidad política, para que Andalucía no vuelva a depender de pactos imposibles, de presupuestos prorrogados o de gobiernos pendientes cada semana de una negociación distinta. En una economía global, donde cada día se compite con el rincón más remoto del mundo, tener un gobierno estable no es un lujo institucional: es una ventaja económica. Más bien una necesidad económica, que permite aprobar presupuestos cada año, planificar inversiones estructurantes y productivas, y que es imprescindible para dar confianza a quien quiere emprender un negocio e invertir en generar empleo, a la vez que transmitir una idea muy sencilla: en Andalucía se sabe hacia dónde se va.

Estabilidad regulatoria, para continuar el camino iniciado por los gobiernos de Juanma Moreno, consistentes en un cambio de modelo hacia una economía competitiva que atrae inversión y talento gracias a la simplificación administrativa, la seguridad jurídica y el apoyo a los proyectos tractores e innovadores. La burocracia no puede ser una carrera de obstáculos para quien quiere crear empleo. Andalucía necesita normas claras, trámites ágiles y una administración que entienda que cada proyecto que se retrasa puede ser una oportunidad que se pierde para mejorar la vida de sus ciudadanos.

Y estabilidad fiscal, para seguir bajando impuestos, atrayendo inversión y demostrando que una fiscalidad razonable refuerza los servicios públicos al generar más actividad económica, más empresas invirtiendo y más trabajadores cotizando. Un modelo plenamente demostrado en los sucesivos gobiernos autonómicos con el ejemplo de los presupuestos andaluces de 2025, que preveían un aumento de los ingresos no financieros hasta 43.333 millones, 2.185 millones más que el año anterior, y un incremento de los ingresos tributarios de 544 millones. Es decir, bajar impuestos y recaudar más no es una contradicción cuando la economía crece, sino dos conceptos plenamente complementarios y necesarios.

La segunda palabra es agua.

Y aquí conviene hablar claro. Sin agua no hay agricultura. Sin agricultura no hay agroindustria. Y sin agroindustria se resiente uno de los principales motores económicos de Andalucía. En 2024, Andalucía lideró las exportaciones españolas de alimentos y bebidas. Unas exportaciones de 15.700 millones de euros -que representan el 21,7% del total nacional- sumando récords en productos como el aceite de oliva, las frutas o las hortalizas.

Pero ese liderazgo no se mantiene sólo con esfuerzo de los agricultores. Se sostiene con nuevas infraestructuras del agua. Con regadíos eficientes. Con desaladoras más modernas y eficientes que produzcan un agua cada vez más competitiva. Con depuradoras y con el uso de aguas regeneradas procedentes de las mismas. Con obras hidráulicas ejecutadas en plazo. Y ahí el Gobierno de España tiene una deuda evidente con Andalucía.

Y es aquí donde me permito señalar el caso de Almería por ser especialmente grave. Una provincia eminentemente agrícola que cuenta con una desaladora -Bajo Almanzora- inutilizada por una riada desde septiembre de 2012. A lo que hay que sumar los recortes del Gobierno de Pedro Sánchez y Maria Jesús Montero a los aportes del trasvase Tajo-Segura. O donde no se conoce ni un sólo avance en desalación y ampliación de infraestructuras como los necesarios en Carboneras o Dalías. Ya conocemos a que ha destinado la señora Montero los fondos europeos estos años. A agua para el campo andaluz: no.

El agua es clave porque no se puede pretender que Andalucía sea una potencia agroalimentaria y, al mismo tiempo, negarle las herramientas para garantizarla. No se puede exigir competitividad al campo andaluz y a la vez perder las oportunidades que ofrecían los fondos europeos para aumentar las inversiones básicas en desalación, abastecimientos y reutilización de aguas depuradas.

La tercera palabra es energía.

Andalucía tiene sol, viento, territorio, puertos, industria y una posición estratégica en el sur de Europa. Tiene capacidad para convertirse en una plataforma industrial vinculada a las renovables, al hidrógeno verde, a la electrificación de la economía y a nuevas cadenas de valor. Tenemos una ventana de oportunidad como nunca hasta ahora. Una oportunidad que puede quedarse en nada si no hay redes eléctricas suficientes.

Porque el problema hoy ya no es sólo producir energía. El problema es poder conectarla, transportarla y utilizarla para atraer industria. Recientemente hemos conocido que el 83,4% de los nudos de red en España están saturados, lo que impide conectar nueva demanda en muchos puntos. Y Andalucía sufre sobre manera ese problema: proyectos industriales, renovables, logísticos o tecnológicos pueden quedarse en buenas intenciones simplemente porque no hay capacidad eléctrica suficente.

Las alegaciones de la Junta a la planificación eléctrica 2025-2030 -formulada por el Gobierno central- son por eso de vital importancia. Andalucía ha reclamado 102 actuaciones para reforzar la red de transporte eléctrico, con inversiones por valor de 823 millones de euros. Y es que de es infraestructuras eléctricas, como las necesarias para el norte de Córdoba, depende -por ejemplo- el desarrollo industrial de zonas como el Guadiato o Los Pedroches. O los 4,5 Gw necesarios -en una treintena de proyectos- para garantizar el desarrollo industrial del Campo de Gibraltar que podría sostener a miles de empleos.

Andalucía cuenta hoy con una reseñable producción de energía renovable (supera el 25% de producción nacional) que no sólo debe servir para exportar electricidad. Por primera vez desde hace muchos años, hoy Andalucía tiene la oportunidad de atraer industria. Pero para que una empresa mire a Andalucía hacen falta redes, planificación e inversión. Si no, tendremos la energía, pero se nos escapará la industria competitiva y generadora de empleo.

Estabilidad, agua y energía. Tres palabras para una idea de fondo: Andalucía está en condiciones de completar un salto histórico, pero necesita que ahora nadie le ponga el pie encima del freno.

El Gobierno de Juanma Moreno ha demostrado que la estabilidad funciona, que la confianza atrae inversión y que Andalucía puede competir con las primeras economías de Europa. Ahora hace falta que el Gobierno de España cumpla con las infraestructuras que dependen de él.

Andalucía tiene talento, campo, industria, puertos, universidades, parques tecnológicos, empresas y ambición. Tiene casi todo. Pero para no perder esta oportunidad necesita estabilidad, agua y energía. Y esto, es todo lo que necesita Andalucía.