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Andalucía tiene la oportunidad de darle la puntilla al sanchismo: mucho en juego

Juanma Moreno y Alberto Núñez FeijóoEuropa Press

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Este domingo, 17 de mayo de 2026, más de 6,8 millones de andaluces —exactamente 6.812.861 según el censo electoral del INE— están llamados a las urnas para elegir a los 109 diputados del Parlamento autonómico. En apariencia, se trata de una cita regional: los ciudadanos de Andalucía deciden quién les gobierna en su tierra. Pero la realidad es bien distinta. Lo que ocurra hoy trasciende con mucho las fronteras andaluzas y se convierte en un plebiscito de alcance nacional sobre Pedro Sánchez y su modelo de poder.

Una derrota sin paliativos de la candidata del PSOE, María Jesús Montero, peor aún que la ya histórica de hace cuatro años —la peor del partido en Andalucía desde la restauración democrática—, dejaría al PSOE tocado de muerte y a Sánchez en entredicho. Montero no es una candidata cualquiera. Es la mujer de confianza del presidente, su mano derecha, su estrecha colaboradora desde hace años. Sánchez la impuso personalmente. Por eso, un batacazo andaluz no sería solo un revés autonómico: sería un rechazo directo al sanchismo.

Y es que Sánchez se niega a convocar elecciones generales pese a la evidencia: malos resultados electorales repetidos, ausencia de presupuestos aprobados, minoría parlamentaria absoluta y una corrupción que no cesa. Esa obstinación convierte estas urnas andaluzas en el único cauce inmediato para que los ciudadanos expresen su hartazgo. Votar contra Montero no es solo votar contra el PSOE regional; es votar contra la forma de gobernar de Sánchez: el tacticismo permanente, el desprecio a las instituciones, el clientelismo y la polarización como método de supervivencia.

Andalucía tiene hoy en sus manos la oportunidad histórica de darle la puntilla al sanchismo. No es una exageración. Mucho está en juego: el futuro inmediato del PSOE, la estabilidad del Gobierno central y, sobre todo, la posibilidad de que los españoles puedan, por fin, pasar página a una era que ya ha durado demasiado. Los andaluces no eligen solo a su presidente autonómico. Deciden si siguen tolerando el sanchismo o si, de una vez, lo mandan a la oposición. La responsabilidad es enorme. La oportunidad, irrepetible.