enfoques del director
Sánchez, acorralado: desaparece tras el batacazo en Andalucía de su candidata Montero y el PSOE
Pedro Sánchez se ha empleado a fondo en la campaña andaluza. Ha puesto toda la carne en el asador, ha movilizado al aparato, ha colocado a su ministra de Hacienda, María Jesús Montero, como candidata y ha convertido las elecciones en un plebiscito sobre su persona. El resultado ha sido un batacazo histórico. Y, como siempre que las cosas se tuercen, Sánchez ha hecho lo que mejor sabe hacer: desaparecer.
No es la primera vez. Son ya cuatro las elecciones autonómicas que pierde con estrépito desde que decidió personalizar hasta el delirio el proyecto socialista. Especialmente dolorosas han sido aquellas en las que concurrían ministros de su Gobierno o personas muy cercanas a él: Alegría, Montero, el propio caso de Gallardo, el presunto “enchufador” de su hermano. Cada derrota lleva su firma. Cada derrota es un rechazo directo al sanchismo.
Y ante el fracaso, ¿qué hace el presidente? Lo de siempre. Pone tierra de por medio. Huye. Se esconde. Ejecuta su particular “Paiporta”: sale corriendo cuando el panorama se pone feo y deja tirados a los suyos. Igual que abandonó al Rey en el municipio valenciano tras la DANA, igual que ya no conoce a Ábalos, igual que ha borrado de su memoria a Gallardo y a Alegría. Nadie le vio el domingo por la noche. Nadie le ha visto el lunes. Nadie le verá en los próximos días. El silencio es su refugio.
Porque Sánchez sabe perfectamente lo que ha ocurrido. Sabe que el castigo no era para Montero, ni para los candidatos autonómicos. El castigo era para él. Los electores no votaban contra el PSOE andaluz; votaban contra el PSOE sanchista, contra la arrogancia, contra la mentira permanente, contra un partido secuestrado por un solo hombre. Y él, que lo intuye mejor que nadie, opta por la estrategia que nunca le falla: desvincularse, no asumir ni una gota de responsabilidad y dejar que otros carguen con el muerto.
Es el método Sánchez. Cuando gana, todo es mérito suyo. Cuando pierde, desaparece. Y mientras, el PSOE se desangra. El presidente más electoralista de la democracia española se ha convertido, paradójicamente, en el mayor lastre de su propio partido. Y sigue sin enterarse. O, lo que es peor, se entera y sigue huyendo.
Andalucía
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Manuela Herreros