editorial

Falta un imputado en la trama PSOE: Pedro Sánchez, el jefe de todo

Silueta del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.EDUARDO PARRA / Europa Press

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La operación ordenada por el juez Santiago Pedraz contra la presunta trama de cloacas del PSOE ha dinamitado definitivamente el relato oficial del sanchismo. Ya no hablamos de “militantes descontrolados”, de “iniciativas particulares” o de personajes marginales que actuaban por libre. 

Hablamos de una organización con reuniones en Ferraz, recursos del partido, pagos periódicos, logística sufragada y objetivos políticos concretos: neutralizar mediante juego sucio investigaciones judiciales que cercaban al entorno del presidente del Gobierno. Y ante semejante estructura sólo cabe una pregunta: ¿de verdad alguien pretende hacer creer que Pedro Sánchez no sabía nada?

El auto de Pedraz sitúa el origen de la operación precisamente en los cinco días de encierro de Sánchez en La Moncloa, tras su famosa carta a la ciudadanía por la imputación de Begoña Gómez. Fue entonces cuando, según el magistrado, se celebró en Ferraz la reunión clave con Santos Cerdán, Leire Díez, Javier Pérez Dolset y otros colaboradores del núcleo duro socialista. Allí se trazó una estrategia para desacreditar, presionar o amedrentar a guardias civiles, jueces y fiscales que investigaban casos sensibles para el PSOE y para el propio presidente.

No estamos ante una simple operación política. Estamos ante una maquinaria clandestina que requería dinero, cobertura y mando. Dinero opaco, porque nadie monta una red de espionaje político y presión institucional pagando con recibos transparentes y contabilidad ordinaria. Si había fondos para viajes, reuniones, pagos mensuales y operaciones de intoxicación, entonces aparece inevitablemente la sospecha de una caja B y de financiación irregular.

Y además hacía falta algo todavía más importante: autorización política. En cualquier partido, y mucho más en el PSOE hiperliderado de Sánchez, una operación de esta magnitud jamás se organiza sin el visto bueno del número uno. Nadie utiliza Ferraz como cuartel general de unas cloacas sin que lo sepa el jefe. Por eso falta un imputado en esta trama. Y todos saben quién es.