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Sánchez ya no quiere preguntar a los españoles

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros.Europa Press

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La democracia no consiste únicamente en cumplir los plazos legales. También exige escuchar el latido de la sociedad cuando este se vuelve ensordecedor.

Pedro Sánchez sabe perfectamente que una gran mayoría de españoles desea un cambio político. Lo indican las encuestas. Lo marcan las sucesivas elecciones autonómicas celebradas durante estos años. Lo pintan las derrotas acumuladas por el PSOE allí donde los ciudadanos han sido llamados a las urnas.

Y, sin embargo, el presidente se resiste. No quiere preguntar. Ni hablar de contrastar. ¿Para qué comprobar si conserva la confianza de quienes le eligieron?

La legislatura ofrece síntomas evidentes de agotamiento. No hay Presupuestos Generales del Estado aprobados durante esta etapa. El Gobierno ha renunciado a la normalidad parlamentaria. Cada votación se convierte en una negociación agónica. Los socios marcan el paso. La actividad legislativa avanza a trompicones.

Y sobre todo ello planea un clima político cada vez más irrespirable. La corrupción lo inunda todo. Esta misma semana volverán a desfilar por los juzgados nombres estrechamente vinculados al entorno del poder. Las investigaciones sobre corrupción y mafias como la de Leire Díez continúan cercando al PSOE. Las sombras alcanzan a quienes han sido referentes fundamentales del sanchismo. Cerdán y Ábalos esperan una condena inminente.

¿Por qué tanto miedo a las urnas?

Si Pedro Sánchez está convencido de que sigue representando mayoritariamente a los españoles, debería ser el primer interesado en despejar cualquier duda. Y si no lo hace, los ciudadanos tienen derecho a sospechar que el objetivo ya no consiste en gobernar.

La democracia no se debilita cuando los españoles votan. Al revés, se fortalece. Lo verdaderamente preocupante es otra cosa. Que quienes apelan constantemente a la legitimidad democrática acaben viendo las elecciones como un escenario que les da miedo porque pueden perder.

A.M. BEAUMONT