enfoques del director
Sánchez, vapuleado hasta por sus socios, trata de escapar, pero le llueven titulares de corrupción
Pedro Sánchez ha comparecido en el Congreso para intentar contener el temporal de corrupción que sacude al PSOE y al Gobierno. Lo ha hecho con su guion habitual: “Tratan de crear una sensación de corrupción generalizada que no existe”. Casos aislados, “versos sueltos” expulsados y un PSOE que, según él, ha actuado con ejemplaridad. La realidad que se ha visto en el hemiciclo fue muy distinta.
Sus propios socios de investidura le han vapulearon sin piedad. El PNV le recordó que hace un año ya compareció por lo mismo y ahora la situación es peor, con una sentencia del Supremo contra Ábalos y nuevas causas abiertas. ERC le exigió sin rodeos si sabía lo de Ábalos y le reprochó que llegara “tarde y mal”. Junts le pidió directamente que se aparte y deje paso a otro candidato. Sumar y otros aliados mostraron hartazgo explícito con los nombres que se acumulan: Ábalos, Koldo, Cerdán, Leire Díez… y ahora también Zapatero. Todo teatrillo para aparentar que están contra la corrupción sin mover un dedo para evitarla, sí, pero Sánchez ha sido vapuleado. Las dos cosas son ciertas.
El verdadero problema de Sánchez es que mientras él intentaba huir hacia adelante negando la corrupción de su gobierno y su partido y defendiendo logros económicos y acusando a la derecha de “cloacas”, caían nuevos titulares que desmontan su relato. La UDEF ha confirmado que José Luis Rodríguez Zapatero cobró 200.000 euros de una empresa peruana (Focus Social Research) por supuesta mediación y asesoramiento que, según la Policía, eran trabajos ficticios.
Además, el caso Plus Ultra sigue avanzando: el juez Calama ha citado para el 21 de julio a “Julito” Martínez, el amigo y presunto pagador de Zapatero, en la investigación por las comisiones del rescate de 53 millones de euros aprobado por el Consejo de Ministros de Sánchez. Está por ver si Julito se marca un Aldama. Parece ser que se lo está pensando muy seriamente. Sánchez repitió que “jamás conoció ni hubiera tolerado” estas prácticas.
Pero los hechos siguen apareciendo: sentencias firmes, detenciones, comisiones investigadas y un expresidente del PSOE salpicado en plena investigación judicial. La estrategia de minimizar todo como “casos puntuales” ya no convence ni siquiera a quienes le sostienen en el poder.
El presidente parece más preocupado por sobrevivir que por dar explicaciones creíbles. Mientras tanto, los nuevos titulares de corrupción siguen lloviendo y sus socios empiezan a soltarse. La legislatura se descompone a ojos vista.
España
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Patricia Rodríguez Corchado