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Feijóo gobierna antes de gobernar

El presidente del PP, Alberto Núñez-Feijóo, en BarcelonaEuropa Press

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Alberto Núñez Feijóo ha puesto estos días sobre la mesa tres asuntos incómodos. Las nacionalizaciones de hijos y nietos de españoles que se fueron fuera. La protección de los derechos del concebido. Y la lucha contra quienes se aprovechan de las bajas laborales para no acudir a trabajar.

Tres asuntos discutibles, naturalmente. Para eso existe la política. Para discutir, matizar, apoyar, rechazar y votar. Lo extraño sería que una democracia renunciara a debatir cuestiones que afectan a la nacionalidad, a la vida, al trabajo o al uso responsable de los derechos.

La izquierda ha puesto el grito en el cielo. Tampoco sorprende. Le incomoda que el líder del PP intente marcar la agenda política aunque saque el debate público del sumario permanente en el que vive instalado el Gobierno.

Más difíciles de entender resultan algunas críticas procedentes de la propia derecha política y mediática.

Durante meses, España ha girado alrededor de los juzgados. Es lógico. La agenda judicial y policial del sanchismo es de una gravedad extraordinaria. La oposición tiene la obligación de ser dura, contundente y persistente ante la corrupción, los manejos de poder, el deterioro institucional y los abusos que desvirtúan el espíritu democrático del país.

Pero un candidato a presidente no puede vivir solo de esa agenda. La oposición no tiene únicamente que fiscalizar al Gobierno. También debe explicar qué país propone, qué prioridades tiene, qué principios defiende y qué reformas pondría en marcha si los españoles le entregan su confianza.

La corrupción puede fotografiar el final de una etapa. Nunca bastará por sí sola para inaugurar la siguiente. Por eso Feijóo acierta cuando intenta hablar de asuntos que ocupan y preocupan a los españoles. Luego, a unos les gustarán más sus propuestas y a otros menos. Así es la pluralidad democrática. Lo importante es que exista una propuesta, una dirección y la voluntad de abrir debates reales.

Lo que se entiende peor es el escaso seguimiento de algunos estamentos del Partido Popular a las decisiones que adopta su líder. Hay dirigentes que parecen demasiado cómodos viviendo de la agenda judicial de Sánchez. Como si la caída del adversario fuese suficiente. Como si bastara con esperar sentado a que el Gobierno termine de hundirse. Pero no basta. Los sumarios pueden derribar un Gobierno. Jamás levantarán un proyecto ilusionante.

Las elecciones no se ganan solo porque el adversario se hunda. Se ganan cuando los ciudadanos saben hacia dónde quieres llevar el país.

Isabel Díaz Ayuso ha marcado la palada a sus compañeros más acomodaticios. “Tiene más razón que un santo”, dijo la presidenta madrileña al defender la propuesta de su líder sobre quienes se aprovechan de las bajas laborales para no acudir a trabajar.

El problema no es Feijóo. Quizá sea que algunos de los suyos aún no han entendido que una oposición también empieza a gobernar antes de gobernar. Porque un proyecto político no avanza con espectadores. Avanza con gente remando en la misma dirección.

A. M. BEAUMONT