¿Y si esta Selección llegase a la Moncloa?
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, recibe a la selección española de fútbol por ganar la Copa Mundial de la FIFA 2026.
El Mundial de fútbol ha conseguido lo que ningún partido logra ni en sueños: sacar a la calle a dos millones de personas, que se dice pronto. Ni la corrupción sistémica, ni los impuestos desatados, ni las promesas falsas, ni la imposibilidad de comprar una vivienda, ni los robos a manos llenas. Nada que no sea el fútbol moviliza a una sociedad harta, pero silente.
Los españoles somos unos especímenes capaces de aguantar lo que nos echen con la misma resignación con la que un monje tibetano soporta las nevadas nepalíes sin más abrigo que una túnica sin mangas. Ahora bien, dennos la copa de un Mundial y ahí no hay quien nos frene.
Visto lo visto, y teniendo en cuenta la calidad política de quienes nos gobiernan y la capacitas de movilización de esta selección, a lo mejor habría que plantearse un Gobierno presidido por un hombre cabal como Luis de la Fuente, que resolvería las crisis a base de charlas motivacionales en el vestuario de la Moncloa.
Para la cartera de Economía propondría, sin vacilar, al licenciado en ADE Rodri. Alguien capaz de gestionar el tempo del partido sin perder una sola pelota es, con total seguridad, el único ser vivo en este país capaz de cuadrar unos Presupuestos Generales sin despeinarse.
Al Ministerio de Sanidad destinaríamos a Pedri. Nadie entenderá mejor el colapso de las listas de espera que alguien al que le han pisado los abductores en cincuenta estadios diferentes.
Oyarzábal estaría de lujo en Asuntos Exteriores. Su proverbial inteligencia táctica es justo lo que necesitamos para negociar con los socios europeos sin que nos den gato por liebre.
La cartera de Defensa, un puesto tradicionalmente solemne y aburrido, sería para Cucurella y su espontaneidad a la hora de gritar «¡Viva España!». El Ministerio de Deportes recaería, por puro rigor académico, en Unai Simón, flamante graduado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte; el de Vivienda, en Dani Olmo, capaz de moverse con soltura milimétrica en espacios reducidos; y el de Juventud no podría ser para otro que para Cubarsí.
Con este equipo de Gobierno seguro que algo mejoraríamos. Y, en el peor de los supuestos, las cosas seguirían como están, pero al menos, en lugar de arruinarnos en silencio, lo haríamos con una posesión de balón del sesenta y cinco por ciento y un banquillo —el judicial— bastante más despejado.