Mohamed tiene bien pillado a Sánchez

Pedro Sánchez y el rey de Marruecos, Mohamed VIBorja Puig de la Bellacasa

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Pedro Sánchez es un político insólito. En plena crisis de Ceuta, con una frontera española sometida a una presión sin precedentes, ha terminado enfrentándose a casi toda Europa. Los socios comunitarios le reprochan la gestión de una situación que afecta a la seguridad de toda la Unión. La respuesta del presidente ha sido acusarlos de actuar con egoísmo.

Sorprende la elección del “enemigo”. Porque el problema no está en Bruselas. Ni en París, Roma o Berlín. El origen de la crisis está al otro lado del Estrecho. Marruecos ha vuelto a utilizar la presión migratoria como instrumento político, consciente de que encontraba enfrente a un Gobierno debilitado y con escasa capacidad de disuasión.

Mientras Europa reclama una respuesta firme, Sánchez prefiere discutir con quienes deberían ser sus aliados. Y mientras los ceutíes contemplan cómo su ciudad intenta recuperar una normalidad que todavía parece lejana, el presidente inicia sus vacaciones en el Palacio de La Mareta, en Lanzarote.

No se trata de cuestionar el derecho al descanso del mandamás monclovita. Pero sí del mensaje que transmite un gobernante. Porque las crisis no se evaporan cuando uno cambia de residencia. La soberanía arrollada sigue ahí. Tampoco se resuelven calificando de egoístas a quienes expresan preocupación por una frontera que también es europea.

En medio de todo ello, Felipe VI ha recordado una verdad sencilla e imprescindible: el Estado tiene la obligación de velar por la seguridad de sus ciudadanos. No es un argumento político. Es la primera razón de ser de cualquier Gobierno.

Hay una pregunta que cada día es más complicado esquivar. ¿Por qué Sánchez encuentra tanta facilidad para discutir con Europa y tanta dificultad para exigir responsabilidades a Marruecos? ¿Por qué la firmeza aparece cuando habla con los aliados y desaparece cuando debe dirigirse a quien ha provocado la crisis?

Los muros no siempre se levantan con ladrillos. A veces se construyen con la desconfianza de quienes dejan de comprender la posición de un Gobierno. Hoy el muro que rodea a Sánchez no está en Ceuta. Se extiende por buena parte de Europa. Y lo más preocupante es que, mientras ese aislamiento crece, quienes siguen esperando una respuesta son los españoles que viven en la frontera.

A.M. BEAUMONT