editorial

La debilidad de Sánchez con Marruecos: España a punto de perder la final del Mundial

La sospecha de que Rabat dispone de información sensible sobre Pedro Sánchez. Un país que usa la migración como arma, que espió al jefe del Ejecutivo y que obtiene cesiones sucesivas sin contrapartidas reales, no actúa desde la igualdad

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez (i), se reúne con el presidente del Ejecutivo marroquí, Aziz Ajanuch (d), en 2024Pool

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El Gobierno de Pedro Sánchez pierde una batalla tras otra con Marruecos. La migratoria, la del Sáhara y ahora la del Mundial 2030. El patrón es siempre el mismo: cesiones, silencio y una debilidad extrema que convierte a España en rehén de un vecino que no es amigo.

Según The Times, Gianni Infantino ha ofrecido a Marruecos la final del Mundial que coorganizan España, Portugal y el reino alauí a cambio de apoyo para salvar su maltrecho mandato en la FIFA. El estadio Hassan II de Casablanca, aún en obras y con capacidad para 115.000 espectadores, se impondría al Santiago Bernabéu. España impulsó una candidatura ibérica; Marruecos se sumó después. Ahora, ante la crisis de Infantino por su fallido intento de privatizar el fútbol, el presidente de la FIFA busca desesperadamente los votos africanos y encuentra en Rabat un aliado fiel. El Gobierno español, incapaz de defender el interés nacional, contempla cómo se da la vuelta a la tortilla.

No es casualidad. En 2021, la crisis migratoria de Ceuta -más de 10.000 entradas en horas- forzó el volantazo histórico de Sánchez sobre el Sáhara Occidental. En marzo de 2022 envió una carta a Mohamed VI respaldando el plan de autonomía marroquí, abandonando décadas de posición española y al pueblo saharaui. La misiva se filtró primero desde Rabat. Después llegó el espionaje con Pegasus al teléfono del presidente. Hoy, en julio de 2026, otra avalancha -decenas de miles de personas cruzando a nado hacia Ceuta- se produce tras la visita de Sánchez a Argelia y la ley de nacionalidad para saharauis. El Ejecutivo habla de “cooperación ejemplar” con Marruecos y culpa a las mafias y a una sentencia del Supremo. Nunca confronta.

Esta secuencia abona la sospecha de que Rabat dispone de información sensible sobre Pedro Sánchez. Un país que usa la migración como arma, que espió al jefe del Ejecutivo y que obtiene cesiones sucesivas sin contrapartidas reales, no actúa desde la igualdad. Actúa desde la superioridad. Sánchez se ha convertido en un pelele en manos del rey Mohamed VI: cede el Sáhara, tolera las crisis fronterizas y ahora permite que Infantino regale la joya del Mundial a quien mejor le conviene.

España no puede seguir abdicando de su dignidad. Un Gobierno que no defiende la final del Mundial, ni las fronteras, ni la memoria histórica del Sáhara, no defiende a los españoles. Marruecos no es un socio leal; es un actor que explota la debilidad ajena. Y la de Moncloa es, a estas alturas, proverbial.