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Robles y Marlaska a la greña y Sánchez vuelve a irse de vacaciones

La ministra de Defensa, Margarita Robles, y el ministro de interior, Fernando Grande-Marlaska, en el CongresoFernando Sánchez / Europa Press

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El enfrentamiento entre Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska es indisimulable. La crisis de Ceuta ha abierto una enorme grieta dentro del Gobierno y ambos ministros se han encargado de hacerla visible. Hablamos de dos ministerios de Estado, Interior y Defensa.

Marlaska sostuvo que Interior no recibió ningún aviso previo del CNI sobre la entrada masiva de inmigrantes. Robles le ha respondido este martes en el Congreso que los servicios de inteligencia sí alertaron verbalmente de que podía producirse un intento de entrada. Uno dice que nadie avisó. La otra asegura que la advertencia existió. Alguno miente. Aunque lo más probable es que mientan los dos.

No estamos ante una discrepancia menor ni frente a uno de esos rifirrafes habituales entre departamentos. Hablamos de una crisis que afectó a la seguridad nacional, desbordó Ceuta y mantiene a sus vecinos en una situación insoportable.

Si el CNI alertó, como afirma Robles, alguien deberá explicar por qué Interior no actuó a tiempo. Y si Marlaska dice la verdad y nunca recibió esa información, Defensa tendrá que aclarar a quién avisó, cómo lo hizo y por qué una advertencia tan importante acabó perdida por el camino.

Lo que no resulta aceptable es que los ciudadanos tengan que contemplar cómo dos ministros se pasan la responsabilidad mientras nadie asume las consecuencias. Robles ha admitido errores en la gestión y ha reconocido la sensación de abandono padecida por los ceutíes. Marlaska, sin embargo, continúa defendiendo su actuación como si lo ocurrido hubiera sido poco menos que inevitable.

Pedro Sánchez debería poner orden y exigir una explicación única, documentada y creíble. Pero el presidente lleva demasiado tiempo desaparecido cada vez que surge una crisis grave. Permite que sus ministros se contradigan, se desgasten y ajusten cuentas en público mientras él intenta mantenerse lejos de los daños. De momento, ha vuelto a irse otra vez unos días de vacaciones, ahora a Andorra.

Ceuta necesitaba previsión, coordinación y autoridad. Recibió improvisación, abandono y ahora una pelea ministerial. El Gobierno no supo defender la frontera. Al menos, podría dejar de dispararse dentro de ella.

A.M. BEAUMONT