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Robles hunde a Sánchez con un gesto y los socios le rematan: sus mentiras al descubierto

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No hizo falta un discurso. Bastó un gesto. Mientras Pedro Sánchez cerraba en el Congreso una hora y media de relato defensivo —ni el CNI, ni la Policía ni la Guardia Civil avisaron de la entrada masiva del 30 de julio—, su ministra de Defensa se quedó sentada. No aplaudió. Ajustó el pelo y miró a otro lado. El resto de la bancada se levantó. Ella, no.

Ese silencio corporal vale más que cualquier réplica. Margarita Robles es la responsable política última del CNI. El 25 de agosto sostuvo que los agentes en Ceuta sí informaron: el 29 de julio trasladaron a la Delegación del Gobierno la convocatoria para entrar a nado al día siguiente. Su propio Gobierno la desmintió. Hoy Sánchez ha ratificado esa versión para protegerse. Prefiere desacreditar a la inteligencia española antes que admitir que Moncloa estaba al corriente de lo que se le venía encima.

El gesto de Robles fulmina ese relato. Y los socios, los que le sostienen, le rematan sin anestesia. Gabriel Rufián lo señaló desde la tribuna: “Ha aplaudido toda su bancada, menos una persona, la señora Robles. Tiene usted un problemón”. Y añadió lo esencial: “Los gobiernos se pierden sobre todo por mentir”. Acusó a Marruecos de enviar a 80.000 personas a la frontera “para cargarse al Gobierno” y le afeó que esté “entregando su dignidad”.

No fue el único. El PNV le dijo que llega “un mes tarde” y que se está “jugando la credibilidad” del Ejecutivo. Bildu zanjó que “nadie es tan ingenuo” como para creer en la espontaneidad y que “no hay que ser un lince” para ver a Marruecos en la ecuación: “No es aceptable exculparle”. Junts fue más lejos: tanto si Sánchez conocía los avisos como si no, “las dos opciones le inhabilitan para seguir gobernando”. Hasta Podemos le espetó que “son ya demasiadas mentiras” y le preguntó por qué protege a Rabat.

Robles, para salvar su dignidad y la del CNI, debería dimitir y explicar los motivos. Un gesto no basta si después se queda. Pero el varapalo es mayúsculo. Sánchez fue al Congreso a mentir contra las evidencias de una invasión organizada y de un Gobierno avisado. Su ministra de Inteligencia le dejó solo. Y sus socios le han firmado el diagnóstico: las mentiras, al descubierto.