Sánchez, sin Gobierno, sin Parlamento y abucheado

Pedro Sánchez está cada vez más cercadoGTRES

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La crisis de Ceuta ha terminado de romper al Consejo de Ministros. En La Moncloa ya nadie se fía de nadie. Los ministros se señalan unos a otros, discuten sobre quién recibió los avisos y se contradicen acerca de cómo entraron decenas de miles de personas en territorio español. Un sálvese quien pueda en toda regla. Mientras, la gestión de la crisis es una cadena de errores y negligencias gubernamentales.

La comparecencia de Pedro Sánchez en el Congreso este jueves no ha servido para aclarar lo ocurrido. Al contrario. Ha aumentado la confusión, agravado la desconfianza interna y dejado al descubierto a un Gobierno caótico, superado e incapaz de hablar con una sola voz. Porque carece de liderazgo.

No resulta sencillo comprender que España haya sufrido un ataque contra su soberanía territorial y que el presidente esté más preocupado por defender a Marruecos que por respaldar a los españoles de Ceuta. Sánchez busca argumentos para exonerar a Rabat mientras los ceutíes siguen pagando las consecuencias de una invasión que ha trastornado sus vidas.

La imagen es desoladora. El presidente no tiene la calle. Sus ministros están a la gresca. El Parlamento tampoco le respalda. Algunos alcaldes socialistas comienzan a rebelarse y hasta el depósito de confianza con la Corona parece encontrarse bajo mínimos. ¿Qué le queda entonces a Sánchez? El cargo.

Por eso permanece amarrado a La Moncloa, porque la alternativa que vislumbra no le gusta. Y esa alternativa no es otra que perder las elecciones. Por eso se niega a dar la palabra a los españoles, aunque el país esté bloqueado, el Gobierno roto y su autoridad desaparecida.

Ante una crisis de esta gravedad, la responsabilidad política solo admite una salida: disolver las Cortes y convocar elecciones. Pero pedirle responsabilidad a Sánchez empieza a parecer un ejercicio inútil. Él lo llama “normalidad”. España lo contempla como una agonía.

A.M. BEAUMONT