La boya de Sánchez y Marlaska

Buena parte de la boya de la frontera del Tarajal en Ceuta está desinfladaEuropa Press

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La boya para contener las entradas por mar en Ceuta se ha desinflado. La imagen es una caricatura de la gestión de Pedro Sánchez: el Gobierno anuncia una solución, la publicita como prueba de su eficacia y, semanas después, se queda sin aire.

Claro, puede decirse que una barrera puede sufrir una avería. Y que el mar castiga cualquier instalación. También que nadie sensato debe exigir que un dispositivo provisional dure eternamente. Lo difícil de aceptar es que, después de lo ocurrido en julio, la protección de una frontera española vuelva a descansar en una medida que se desinfla precisamente cuando se anuncia otra posible entrada masiva.

Interior ya tramita la prolongación del espigón de El Tarajal y un sistema permanente de boyas. Es decir, aquello que debía ofrecer una respuesta estable empieza a proyectarse ahora, casi dos meses después de la crisis. Mientras tanto, los ceutíes miran al agua y se preguntan cuánto aguanta lo que tienen delante.

Marlaska podrá explicar todo aquello que desee, relatos no le faltan a los ministros. Pero Ceuta lleva más tiempo del soportable escuchando brindis al sol mientras vive una situación dramática pendiente además del siguiente aviso. No se puede pedir tranquilidad a una ciudad si cada solución parece necesitar otra solución al poco de estrenarse.

Hay algo más serio que una boya desinflada. Es la confianza de quienes viven al otro lado del Estrecho y sienten que el Gobierno llega tarde, improvisa y aunque sea todo un desastre, después presenta sus remedios como grandes éxitos. La frontera necesita vigilancia, medios y decisiones que resistan algo más que una rueda de prensa.

La boya ha perdido aire. La paciencia de Ceuta, cada vez respira más fuerte.

A.M. BEAUMONT