Ester Muñoz y la voz del PP de Feijóo

La portavoz popular en el Congreso, Ester MuñozÁngel García

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Ester Muñoz dejó este pasado miércoles en el Congreso una frase difícil de olvidar. Al preguntar a Félix Bolaños por las presuntas maniobras contra la jueza Beatriz Biedma, dijo que habíamos visto a mafias intentar corromper gobiernos, pero que ahora se investigaba si ocurrió al revés: si personas vinculadas al poder buscaron la ayuda de delincuentes.

Fue una acusación durísima. Sin duda. También un ejemplo de cómo trabaja la portavoz del PP: toma un asunto complejo, encuentra su contradicción más inquietante y la expresa de manera que cualquiera entiende lo que está en juego. El ministro Bolaños pidió dejar actuar a la Justicia. Tiene razón en eso. Precisamente por la gravedad de lo denunciado, la investigación debe establecer quién hizo qué y por encargo de quién.

Pero Muñoz no necesita que se dé por probada toda su acusación para cumplir su tarea parlamentaria. Formula las preguntas que el Gobierno prefiere evitar. Ahí reside buena parte de su eficacia política.

Lo hizo también con Ceuta. Frente a las explicaciones dubitativas y contradictorias del Ejecutivo, puso el foco en algo tan sencillo como difícil de esquivar: qué sabía el Gobierno antes de la crisis y qué hizo con esa información. Y cuando aborda la vivienda, un problema que amenaza convertirse en estallido social, recuerda que el PP tiene una proposición de ley aprobada en el Senado y pendiente de debate en el Congreso. Criticar al adversario es obligado en la oposición; enseñar las propias cartas, también.

Feijóo necesita que los españoles vean en su partido algo más que el rechazo a Sánchez. Precisa dirigentes capaces de pedir cuentas, hablar claro y defender una alternativa. La diputada leonesa ofrece una buena muestra de ese PP reuniendo las tres cosas.

Ester Muñoz conoce la fuerza de una frase eficaz. Si bien afronta siempre el reto de no dejar que la frase lo ocupe todo. En política, la exageración da juego en las redes, aporta algunos titulares, pero acaba restando potencia al argumento. De ahí que quien sabe hacerse escuchar mida las censuras y sus gestos con el mismo cuidado con el que elige las palabras.

Un buen discurso no gana unas elecciones. Por supuesto. Pero permite imaginar cómo hablaría un partido si llega a La Moncloa.

A.M. BEAUMONT