editorial

¿Alguno de los de la acampada en Sol trabaja este lunes? La extrema izquierda manipula el problema de la vivienda

¿Ceuta? No, la Puerta del SolDiego Radames

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Da la impresión de que los acampados en la Puerta del Sol esperan, con una mano delante y otra detrás, a que el Gobierno de Pedro Sánchez reforme la ley para que puedan quedarse con una vivienda ajena. Eso es, en el fondo, lo que ocurriría si los alquileres se convirtieran en indefinidos y se prohibieran los desahucios: las dos banderas de la extrema izquierda. Quince años después del 15-M, el Sindicato de Inquilinas ha vuelto a plantar tiendas en el kilómetro cero tras el desahucio de Maricarmen Abascal y exige el llamado «decreto Maricarmen» para el Consejo de Ministros del martes.

El problema es que una parte sustancial de quienes pasan la noche en una tienda en Sol no trabaja. Y, aun así, pretenden que los españoles que madrugan les regalen un piso. No en Fuenlabrada, Móstoles o Alcalá. En el centro de Madrid. Nada de irse a la periferia donde viven muchos de los que pagarían, con su esfuerzo, la vivienda de estos otros en la almendra central.

España tiene un gravísimo problema de oferta de vivienda, es evidente. También lo es que se ha agravado en estos ocho años de Gobierno de Pedro Sánchez porque las políticas aplicadas han consistido, sobre todo, en atacar la oferta, en hostigar al propietario particular, mientras crecía la demanda. Resultado previsible: menos pisos en alquiler y precios al alza. Ahora la extrema izquierda busca un eslogan de campaña y un golpe de efecto para salir del pozo electoral en el que se ha metido por su seguidismo a Sánchez. Por eso manda a sus tropas a Sol a reclamar medidas populistas que, de aplicarse, agravarían el problema de forma exponencial.

La izquierda es un cáncer que se vende como la cura del tumor. Y algunos les creen. Por suerte, los españoles que madrugan no están entre ellos.

El que más debería temer este Trampolín de Sol es el propio Sánchez. Son sus socios de Podemos y Sumar quienes le están traicionando. La vicepresidenta segunda lo ha dejado claro al llamar a movilizarse contra el Gobierno, como si ella no llevara casi siete años dentro. Ella sí, por cierto, disfruta de una vivienda oficial de más de 400 metros cuadrados, gratis total, en el corazón de Madrid. Así cualquiera.

Mientras unos acampan y protestan, otros trabajan y pagan. El martes sabremos si el Ejecutivo prefiere el efecto teatral o la realidad de la oferta. Y todos sabemos la respuesta.