La hipocresía de Sánchez utilizando a Maricarmen
Maricarmen, justo antes de su desahucio
Maricarmen salió de su casa en camilla. Días después, hay gente acampada en la Puerta del Sol con su nombre en las pancartas. Pedro Sánchez, antes de echarle la culpa a los demás, debería mirar atentamente esa plaza.
Cuando el sanchismo se instaló en La Moncloa, la vivienda ocupaba el puesto dieciséis entre los problemas que más preocupaban a los españoles. Hoy ocupa el primero. Es un dato del CIS, no una consigna de la fachosfera. Y cuenta bien lo ocurrido estos años: encontrar un piso es angustioso para cualquier joven, las familias no pueden hacer frente al alquiler y los mayores temen perder sus casas.
El presidente ahora habla mucho de vivienda. Anuncia planes, promete pisos y señala a Ayuso, como ha hecho estos días. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar con tal de quitarse de encima su responsabilidad? Maricarmen merece que todas las administraciones respondan. Pero Sánchez lleva más de ocho años gobernando España. ¿No tiene ninguna responsabilidad él?
La política de vivienda de Sánchez ha sido nefasta. Meras promesas, brindis al sol permanentes mientras la oferta asequible sigue sin alcanzar a quienes la necesitan. Anuncios vacíos para abrir ruedas de prensa. La pena es que nunca han abierto puertas. Y ahora, con la gente durmiendo en Sol, el Gobierno vuelve a prometer un decreto urgente. ¿Urgente? Pero si llevaba meses paralizado, atrapado en los cálculos del Gobierno y sus socios.
Me parece, además, que no todos los acampados comparten la misma receta. Y también sería bueno recordar que Maricarmen no es un eslogan de esos que tanto gustan a la izquierda. Es una mujer de 87 años que ya ha perdido la casa en la que vivió siete décadas. Su caso exige una solución concreta, además de un debate verdadero sobre cómo construir más viviendas y proteger a quien puede quedarse en la calle.
Sánchez puede seguir en su tarea favorita desde que habita La Moncloa: buscar culpables en los demás. Pero Sol le pilla ahí al lado, a pocos minutos. Podría pasarse por allí y comprobar personalmente que las protestas también van dirigidas contra él.
A.M. BEAUMONT